martes, 30 de diciembre de 2008

Número 16 de la revista "Tonos digital"



Tonos digital XVI


Si hace unos días se publicó el segundo número de la revista Como un ángel sentado en manos de un barbero, hoy tengo que informarles de la aparición del número 16 de la revista de literatura y estudios filológicos Tonos digital. Esta revista semestral está dirigida, entre otros, por varios docentes de la Facultad de Letras de la Universidad de Murcia y cuenta con colaboradores de todo el mundo, con gran presencia de profesores de universidades hispanoamericanas. Es la primera vez que participo en la revista, y lo hago con mi relato Aguas de ceniza, del que tomé el título para este blog. Su extensión es de 5 páginas a doble espacio en Word. Lo escribí hace tres años y creo que fue el primer cuento del que quedé medianamente satisfecho. Incluyo aquí el enlace por si quieren leerlo. También lo encontrarán en el lado derecho de la pantalla, en la sección Mis relatos:
Para leer completo el relato Aguas de ceniza, pinche aquí: http://www.um.es/tonosdigital/znum16/secciones/tintero-1-%20AGUASdeCENIZA.htm

sábado, 27 de diciembre de 2008

"Muerte entre poetas", de Ángela Vallvey


La primera vez que oí hablar de Ángela Vallvey fue hace unos años, cuando recibió el Premio Nadal por su novela Los estados carenciales. Aún no he leído esta obra, pero recuerdo que el madrileño Lorenzo Silva -uno de los mejores escritores españoles actuales, sin duda- la recomendaba en una maravillosa conferencia que leyó en Vitoria (y que encontré por casualidad en Internet) y en la que hablaba de los novelistas españoles de su generación, entre los que están la propia Vallvey y Lucía Etxebarría, entre muchos otros. Pues bien, hace poco leí Muerte entre poetas, la última novela de Vallvey y a la sazón finalista del Premio Planeta 2008. La reseña crítica aparecerá dentro de unas semanas en el periódico, pero como ahí el espacio es limitado y a veces me quedo con ganas de decir más cosas, aprovecho para contarlas en el blog.


La autora afirmó en una entrevista que la obra cumplía los requisitos mínimos para estar en el género de la novela policiaca. Y así es. De hecho, la impresión que uno tiene al comienzo es la de estar leyendo una adaptación española de cualquier novela de Agatha Christie. Si bien empieza en una playa de Almería, pronto nos trasladamos en un salto temporal y geográfico al cigarral de Toledo donde transcurrirá el grueso de la historia. El protagonista, Nacho Arán, es un joven meteorólogo que trabaja en televisión además de poeta aficionado. Nacho es soltero, tiene treinta y pocos años y vive con su tía Pau, una bibliotecaria jubilada, en un caserón de Guadalajara. Ambos dirigen una página web llamada Club Baskerville (¿les suena a Sherlock Holmes?) con la que, como investigadores amateurs, se entretienen esclareciendo casos que la policía deja sin resolver. Sorprendentemente, Nacho es invitado al congreso del cigarral, donde acuden algunas de las más ilustres figuras de la literatura española contemporánea (aunque están influidos por personas reales, los personajes son totalmente inventados). Nacho llega al congreso con dos días de retraso. En ese tiempo acaece un asesinato en el cigarral. El occiso es Fabio Arjona y Nacho tendrá que descubrir quién es el criminal. Más Agatha Christie, imposible.


Ahora vamos con lo peculiar de la historia. A través de sus conversaciones con los asistentes, Nacho irá recopilando la biografía del tal Fabio Arjona, por lo demás merecedora de entrar en la Historia universal de la infamia borgiana. Mejor dicho, las fechorías de Tom Castro, Kotsuké Notsuké o La viuda Chin son verdaderas ingenuidades al lado de lo que hizo este tipo. Como comprobará Nacho, todos los congresistas tienen motivos de sobra para odiar -o incluso asesinar, como sucede- a Fabio Arjona. Las historias, contadas en primera persona y constituidas como verdaderos relatos, funcionan como un caleidoscopio o un prisma para forjar la imagen de Arjona, lo que recuerda a películas como Ciudadano Kane o novelas como Mientras agonizo, y que le proporcionan una cierta coralidad a la novela que sirve para enriquecerla. Pero lo mejor es cómo a través de ellas se va formando una especie de mosaico (las de Cristina Oller, Cecilia Fábregas, Torres Sagarra y Fernando son geniales) en la que aparecen caricaturizadas muchas esferas de la vida intelectual española. Y no es precisamente la Universidad la que queda mejor parada...
Un punto destacable de Muerte entre poetas es el uso por parte del protagonista de las nuevas tecnologías. No en vano, Nacho Arán usa el correo electrónico, frecuenta los blogs y la Wikipedia, rastrea en el portátil del fallecido, dirige una Web, etc. Creo que la novela no se hubiera sustentado sólo por ésto, pero esta "puesta al día" se agradece y proporciona mayor verosimilitud. Los diálogos también están logrados; tienen frescura y espontaneidad y suenan creíbles (¡con lo difícil que es conseguir eso!). Además, se nota que Vallvey es buena amiga de Ruiz Zafón por aquello de que los personajes se van definiendo por sus actos y sus palabras, prescindiendo de los llamados por el autor de La sombra del viento (entrevista en Babelia) "rollos patateros en párrafos inmensos" que, según él, escriben casi todos los autores españoles.
Vallvey se muestra una gran conocedora del oficio de novelista: adopta el tono adecuado desde el comienzo y lo mantiene a lo largo de toda la obra; ambienta las escenas sin prolijidad pero con precisión e introduce buenas dosis de humor y tensión en los momentos pertinentes. Asimismo, los personajes son coherentes -nada tópicos- y llegan a ser entrañables, como lo es también la relación amistosa entre Nacho y Rodrigo, el hacker adolescente que le ayuda en sus pesquisas. Por todo esto, Muerte entre poetas vuelve a dar nivel al Premio Planeta y muestra que calidad y mercado no tienen por qué estar reñidos.

Crítica de "L'anima obliqua", de Vicente Cervera Salinas


Bellissimo

“L’anima obliqua”. Vicente Cervera Salinas. Levante Editori. 136 páginas / 15 e

Desde que el poeta y ensayista Vicente Cervera publicara su primer poemario, “De aurigas inmortales”, en 1993, los lectores venimos recibiendo con auténtico alborozo la aparición de cada una de sus obras. Fue el caso de “La partitura” y, posteriormente, de “El alma oblicua”, editada en 2003 y ahora ofrecida al público italiano en volumen bilingüe. Gracias al espléndido trabajo de Elsa Rovidone, la traducción no pierde un ápice de su ritmo e intensidad y consigue recrear la hondísima carga filosófica del original español. Esperemos que —al menos— toda su obra tenga una difusión tan amplia y esmerada como ésta.


Publicado en el suplemento cultural Ababol de La Verdad de Murcia el 27-XII-08

miércoles, 24 de diciembre de 2008

"Un cuento de reyes", de Ignacio Aldecoa


Con motivo de la fiestas navideñas me he permitido la licencia de colgar uno de mis relatos preferidos de uno de mis escritores favoritos: Ignacio Aldecoa.

Que lo disfruten.

El ojo del negro es el objetivo de una máquina fotográfica. El hambre del negro es un escorpioncito negro con los pedipalpos mutilados. El negro Omicrón Rodríguez silba por la calle, hace el visaje de retratar a una pareja, siente un pinchazo doloroso en el estómago. Veintisiete horas y media sin comer; doce y tres cuartos, no contando la noche, sin retratar; la mayoría de las de su vida, silbando.
Omicrón vivía en Almería y subió, con el calor del verano pasado, hasta Madrid. Subió con el termómetro. Omicrón toma, cuando tiene dinero, café con leche muy oscuro en los bares de la Puerta del Sol; y copas de anís vertidas en vasos mediados de agua, en las tabernas de Vallecas, donde todos le conocen. Duerme, huésped, en una casita de Vallecas, porque a Vallecas llega antes que a cualquier otro barrio la noche. Y por la mañana, muy temprano, cuando el sol sale, da en su ventana un rayo tibio que rebota y penetra hasta su cama, hasta su almohada. Omicrón saca una mano de entre las sábanas y la calienta en el rayo de sol, junto a su nariz de boxeador principiante, chata, pero no muy deforme.
Omicrón Rodríguez no tiene abrigo, no tiene gabardina, no tiene otra cosa que un traje claro y una bufanda verde como un lagarto, en la que se envuelve el cuello cuando, a cuerpo limpio, tirita por las calles. A las once de la mañana se esponja, como una mosca gigante, en la acera donde el sol pasea sólo por un lado, calentando a la gente sin abrigo y sin gabardina que no se puede quedar en casa, porque no hay calefacción y vive de vender periódicos, tabaco rubio, lotería, hilos de nylon para collares, juguetes de goma y de hacer fotografías a los forasteros.
Omicrón habla andaluza y onomatopéyicamente. Es feo, muy feo, feísimo, casi horroroso. Y es bueno, muy bueno; por eso aguanta todo lo que le dicen las mujeres de la boca del Metro, compañeras de fatigas.
—Satanás, muerto de hambre, ¿por qué no te enchulas con la Rabona?
—No me llames Satanás, mi nombre es Omicrón.
—¡Bonito nombre! Eso no es cristiano. ¿Quién te lo puso, Satanás?
—Mi señor padre.
—Pues vaya humor. ¿Y era negro tu padre?
Omicrón miraba a la preguntante casi con dulzura:
—Por lo visto.
De la pequeña industria fotográfica, si las cosas iban bien, sacaba Omicrón el dinero para sustentarse. Le llevaban veintitrés duros por la habitación alquilada en la casita de Vallecas. Comía en restaurantes baratos platos de lentejas y menestras extrañas. Pero días tuvo en que se alimentó con una naranja, enorme, eso sí, pero con una sola naranja. Y otros en que no se alimentó.
Veintisiete horas y media sin comer y doce y tres cuartos, no contando la noche, sin retratar, son muchas horas hasta para Omicrón. El escorpión le pica una y otra vez en el estómago y le obliga a contraerse. La vendedora de lotería le pregunta:
—¿Qué, bailas?
—No, no bailo.
—Pues, chico, ¡quién lo diría!, parece que bailas.
—Es el estómago.
—¿Hambre?
Omicrón se azoró, poniendo los ojos en blanco, y mintió:
—No, una úlcera.
—¡Ah!
__ ¿Y por qué no vas al dispensario a que te miren?
Omicrón Rodríguez se azoró aún más:
—Sí tengo que ir, pero...
—Claro que tienes que ir, eso es muy malo. Yo sé de un señor, que siempre me compraba, que se murió de no cuidarla.
Luego añadió, nostálgica y apesadumbrada:
—Perdí un buen cliente.
Omicrón Rodríguez se acercó a una pareja que caminaba velozmente.
—¿Una foto? ¿Les hago una foto?
La mujer miró al hombre y sonrió:
—¿Qué te parece, Federico?
—Bueno, como tú quieras...
—Es para tener un recuerdo. Sí, háganos una foto.
Omicrón se apartó unos pasos. Le picó el escorpioncito. Por poco le sale movida la fotografía. Le dieron la dirección: Hotel...
La vendedora de lotería le felicitó:
—Vaya, has empezado con suerte, negro.
—Sí, a ver si hoy se hace algo.
—Casilda, ¿tú me puedes prestar un duro?
—Sí, hijo, sí; pero con vuelta.
—Bueno, dámelo y te invito a un café.
—¿Por quién me has tomado? Te lo doy sin invitación.
—No, es que quiero invitarte.
La vendedora de lotería y el fotógrafo fueron hacia la esquina. La volvieron y se metieron en una pequeña cafetería. Cucarachas pequeñas, pardas, corrían por el mármol donde estaba asentada la cafetera exprés.
—Dos con leche.
Les sirvieron. En las manos de Omicrón temblaba el vaso alto, con una cucharilla amarillenta y mucha espuma. Lo bebió a pequeños sorbos. Casilda dijo:
—Esto reconforta, ¿verdad?
—Sí
El «sí» fue largo, suspirado.
Un señor, en el otro extremo del mostrador, les miraba insistentemente. La vendedora de lotería se dio cuenta y se amoscó.
—¿Te has fijado, negro, cómo nos mira aquel tipo? Ni que tuviéramos monos en la jeta. Aunque tú, con eso de ser negro, llames la atención, no es para tanto.
Casilda comenzó a mirar al señor con ojos desafiantes. El señor bajó la cabeza, preguntó cuánto debía por la consumición, pagó y se acercó a Omicrón:
—Perdonen ustedes.
Sacó una tarjeta del bolsillo.
—Me llamo Rogelio Fernández Estremera, estoy encargado del Sindicato del... de organizar algo en las próximas fiestas de Navidad.
_Bueno —carraspeó—, supongo que no se molestará. Yo le daría veinte duros si usted quisiera hacer el Rey negro en la cabalgata de Reyes.
Omicrón se quedó paralizado.
—¿Yo?
—Sí, usted. Usted es negro y nos vendrá muy bien, y si no, tendremos que pintar a uno, y cuando vayan los niños a darle la mano o besarle en el reparto de juguetes se mancharán. ¿Acepta?
Omicrón no reaccionaba. Casilda le dio un codazo:
—Acepta, negro, tonto... Son veinte «chulís» que te vendrán muy bien.
El señor interrumpió:
—Coja la tarjeta. Lo piensa y me va a ver a esta dirección. ¿Qué quieren ustedes tomar?
—Yo, un doble de café con leche —dijo Casilda—, y éste, un sencillo y una copa de anís, que tiene esa costumbre.
El señor pagó las consumiciones y se despidió.
—Adiós, píenselo y venga a verme.
Casilda le hizo una reverencia de despedida.
—Orrevuar, caballero. ¿Quiere usted un numerito del próximo sorteo?
—No, muchas gracias, adiós.
Cuando desapareció el señor, Casilda soltó la carcajada.
—Cuando cuente a las compañeras que tú vas a ser Rey se van a partir de risa.
—Bueno, eso de que voy a ser Rey... —dijo Omicrón.


Omicrón Rodríguez apenas se sostenía en el caballo. Iba dando tumbos.
Le dolían las piernas. Casi se mareaba. Las gentes, desde las aceras, sonreían al verle pasar. Algunos padres alzaban a sus niños.
—Mírale bien, es el rey Baltasar.
A Omicrón Rodríguez le llegó la conversación de dos chicos:
—¿Será de verdad negro o será pintado?
Omicrón Rodríguez se molestó. Dudaban por primera vez en su vida si él era blanco o negro, y precisamente cuando iba haciendo de Rey.
La cabalgata avanzaba. Sentía que se le aflojaba el turbante. Al pasar cercano a la boca del Metro, donde se apostaba cotidianamente, volvió la cabeza, no queriendo ver reírse a Casilda y sus compañeras. La Casilda y sus compañeras estaban allí, esperándole; se adentraron en la fila; se pusieron frente a él y, cuando esperaba que iban a soltar la risa, sus risas guasonas, temidas y estridentes, oyó a Casilda decir:
—Pues, chicas, va muy guapo, parece un rey de verdad.
Luego, unos guardias las echaron hacia la acera.
Omicrón Rodríguez se estiró en el caballo y comenzó a silbar tenuemente.
Un niño le llamaba, haciéndole señas con la mano:
—¡Baltasar, Baltasar!
Omicrón Rodríguez inclinó la cabeza solemnemente. Saludó.
—¡Un momento, Baltasar!
Los flashes de los fotógrafos de prensa lo deslumbraron.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Nº 2 de la Revista "Como un ángel sentado"

Fotografía de Urko Ugarte y portada de la Revista de Arte y Literatura Como un ángel sentado en manos de un barbero:

Hoy ha aparecido el segundo número de la revista digital Como un ángel sentado en manos de un barbero, editada por el pintor, escultor y poeta donostiarra Urko Ugarte. En este número aparecen poemas de Ana Mourier, un texto de Miguel Pelay Orozco sobre el escultor vasco Jorge Oteiza e ilustraciones y fotografías del propio Urko Ugarte, entre otros. Igualmente, dentro de poco contará con una entrevista a Julia Otxoa, una poeta que ha publicado recientemente en el sello editorial Hiperión.
Yo he tenido la enorme suerte de poder participar en la sección Multa Paucis con mi relato El maestro, una historia que trata más o menos de cerca el mundo del arte y de la escultura en particular. Desde aquí agradezco al editor por invitarme a colaborar y por las bellas y originales ilustraciones que ha preparado con motivo de mi cuento.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Crítica de "Canela en rama"


Teatro inteligente

“Canela en rama”. Ia Gil Franco. Nausicaa. 84 páginas / 20 e

Si a la calidad de las obras que componen este volumen le añadimos que su autora es joven, murciana y cultivadora de un género tan olvidado por los nuevos escritores como es el teatro, debemos decir que estamos de enhorabuena. Como demuestran los sutiles y desternillantes diálogos de “Canela en rama” y “El terreno fugado”, Ia Gil Franco es deudora de la mejor tradición del teatro de humor español, en especial de Miguel Mihura y Jardiel Poncela. El teatro ágil e inteligente de una autora que pronto pasará a la primera fila de los dramaturgos españoles.

Publicado en el suplemento cultural Ababol de La Verdad de Murcia el 20-XII-08

miércoles, 17 de diciembre de 2008

"Canela en rama", de Ia Gil Franco


La semana pasada tuve la suerte de leer este librito de apenas 84 páginas publicado por la editorial murciana Nausicaa. El volumen contiene dos extraordinarias piezas teatrales tituladas Canela en rama y El terreno fugado, y su autora es la muy joven (aún no ha cumplido los 30) escritora Ia Gil Franco.
Canela en rama es una comedia divertida y tierna, deudora del mejor teatro de humor español, en especial del Miguel Mihura de Tres sombreros de copa y del Enrique Jardiel Poncela de Eloísa está debajo de un almendro. El peso de la obra recae principalmente sobre las entrañables ancianas Delfina y Virtudes, dos amantes de la novela rosa y fascinadas por los cursos de idiomas por correspondencia que llevan a cabo el robo de un banco. Este argumento tiene su planteamiento, desarrollo y desenlace perfectos en los tres actos que componen la obra. No obstante, las disparatadas situaciones pasan ante nuestros ojos con una verosimilitud sorprendente y los diálogos, ágiles y eficaces, contribuyen a la paulatina definición de los personajes con detalles de una sutileza a la que estamos poco acostumbrados en los últimos tiempos. El humor de Canela en rama es sencillo y honrado, un humor que no busca protagonismo por sí solo, que se acomoda al servicio de la trama y que no recurre a localismos ni a frases de moda para buscar la complicidad o la risa fácil del lector/espectador. Y precisamente aquí reside uno de los puntos fuertes de la obra, pues el humor no está tanto en los diálogos como en las situaciones, y son frecuentes los casos de ironía dramática que producen un efecto hilarante.

El terreno fugado es la segunda obra que compone el volumen. Aunque también puede ser considerada una comedia, su tono es diferente al de Canela en rama, puesto que, al leerla, asistimos a la disputa de una herencia por parte de dos cuñadas. Quizá lo más sorprendente de esta pieza sea cómo la avaricia humana se analiza a través de este diálogo. De hecho, casi toda la obra se articula en torno a los continuos reproches que se lanzan las dos cuñadas a través de una valla. Así, las frustraciones, los sueños, las ilusiones o las mezquindades de las dos mujeres se irán mostrando poco a poco en la dialéctica, realizándose de este modo un agudísimo retrato psicológico de las dos formas de ser aparentemente contrapuestas que Bárbara y Monserrat representan.

Así pues, en esta época de pretenciosos y vacuos espectáculos multimedia, de grupos de teatro exhibicionistas y pseudointelectuales, qué mejor que volver al buen teatro de texto, a la sencillez y al humor inteligente de la observación cotidiana que, a buen seguro, encontrarán en Canela en rama y El terreno fugado.

Fotos de una representación de Canela en rama:



*Ia Gil Franco es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y Máster en Guión por la Escuela Superior de Artes y Espectáculos Tai. Ha sido la vicepresidenta del club de Ensayo, Teatro, Poesía y Novela de la Universidad Agnes Scott en Estados Unidos. Además de dramaturga es escritora de guiones cinematográficos y tiene, entre sus muchos títulos, obras teatrales como: 2006: Odisea en el teatro; Mena sa trua; El pañuelo del bandolero.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Crítica de "Lugares que fueron tu rostro", de José Carlos Cataño


Desnudez

“Lugares que fueron tu rostro”. José Carlos Cataño. Bruguera. 96 páginas. / 13’ 94 e
El magisterio de Jorge Guillén, Rilke, Valente y los grandes poetas elegiacos sobrevuela los delicados y breves poemas en verso libre que componen el último libro del canario José Carlos Cataño. El recuerdo de la infancia y la juventud, el despertar de la vocación de poeta, la pérdida de la amada, el dolor por el paso del tiempo y la intuición de la muerte son evocados obsesiva y constantemente en estas pulidas composiciones, pura esencialidad y desnudez, de las que son buena muestra “Ser de algo”, “Golondrinas” o “Aniversario”. La obra madura de un creador.

Publicado el 13-XII-08 en el suplemento cultural Ababol de La Verdad de Murcia.

*Esta semana me tocó reseñar Lugares que fueron tu rostro, del poeta, novelista y ensayista canario aunque residente en Barcelona José Carlos Cataño. No había leído nada de él pero, como indico en mi reseña, me parece un autor interesante y un buen conocedor del oficio poético. Mientras leía este poemario me vino a la memoria la entrevista a Sánchez Rosillo del suplemento Ababol del 22 de diciembre, en la que el autor murciano se queja del desconocimiento de la técnica por parte de muchos poetas actuales. En este punto estoy de acuerdo con Rosillo; creo que al igual que la novela o el relato breve, la poesía, además de la imprescindible inspiración, tiene su contrapeso fundamental en la técnica, que no se consigue sino a base de muchos años de estudio y práctica. Entre los escritores contemporáneos observo una tendencia general a menospreciar esa parte de "artesanía" que todo texto conlleva.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Crítica de "Concierto non grato", de Joaquín Piqueras


A pie de calle

“Concierto non grato”. Joaquín Piqueras. Ediciones Fecit. 102 páginas. / 10 e
De la mano del Autor Revelación Murciano 2004 nos llega este poemario premiado en el certamen “Ángel Martínez Baigorri” de Losada, Navarra. Haciendo honor a su título, el libro se divide en siete intensas partes que coinciden con las siete notas musicales: Dolor, Revolución, Miedo, Falacias, Soledad, Lapidario y Silencio. Piqueras es el hondo poeta que baja a pie de calle y, tras explorar las profundidades existenciales del hombre actual, lanza un grito de protesta y dolor ante lo observado. La ineludible cita del creador con su circunstancia. Todo precedido por un bello y luminoso prólogo de Raquel Lanseros.

Publicado en el suplemento cultural Ababol de La Verdad de Murcia el 22-XI-08

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Cuento, luego existo


Son todos los que están

“Cuento, luego existo”. AA.VV. Pictografía. 226 páginas / 50 e

Veinticinco años después de la ya canónica antología de 1983, el profesor y crítico literario José Belmonte toma el relevo del desaparecido Baquero Goyanes en esta completa selección de treinta y cinco relatos breves de autores murcianos o residentes en la región.

Con la presente obra (exquisitamente editada por Pictografía, por cierto), José Belmonte realiza la doble tarea de reivindicar el hasta hace poco menospreciado género del relato breve y la de proporcionar un vasto y a la vez detallado panorama del cuento en la región de Murcia en los últimos sesenta años. No en vano, dentro de la enorme diversidad temática y estilística de esta antología —profusa y delicadamente ilustrada por Antonio Martínez Mengual— se recogen desde autores octogenarios o ya fallecidos como Alemán Sainz, Castillo-Puche, Asensio Sáez, Castillo-Navarro, Segado del Olmo, Martínez-Mena o Carmen Conde hasta Irene Jiménez, la más joven de los seleccionados con apenas treinta años de edad.

La brillante generación intermedia, formada por los autores nacidos en torno a la década de los cincuenta, aparece ampliamente representada al contar con escritores de reconocido prestigio y más que consolidada trayectoria internacional —léase el novelista Arturo Pérez-Reverte, cuyo relato “Jodía Pavía” es uno de los pocos cuentos escritos por el cartagenero a lo largo de su carrera— o nacional con Pedro García Montalvo, Salvador García Jiménez, Marisa López Soria, Carmen Arcas, José Emilio Iniesta, Antonio Llamas y Santiago Delgado.

Si bien es cierto que entre los autores más jóvenes de la antología se encuentran novelistas eminentes como el caravaqueño Luis Leante, premio Alfaguara 2007, también lo es la marcada predilección que muchos de ellos sienten por el género breve. Tal es el caso de Rubén Castillo, Pascual García, Lola Gracia, Pura Azorín, Antonio Ortega, Irene Jiménez, Antonio Parra Sanz o Manuel Moyano, escritores todos con una impecable carrera cuentística reconocida en importantes premios a lo largo y ancho de la geografía española.

Aun así, quizá la mejor prueba de lo acertado de esta antología sea la presencia de escritores que han destacado en el cultivo de géneros alejados de la narración, como las poetas Josefina Soria y Dionisia García o el también poeta y ensayista Antonio Parra Pujante. En cualquier caso, esto no haría sino ratificar las palabras del coordinador: “son todos los que están”.

Publicado en el suplemento cultural Ababol de La Verdad de Murcia (30-XI-08)


Para leer la reseña tal como fue publicada, pincha en la imagen: