sábado, 24 de octubre de 2009

Crítica de "La risa de las mujeres muertas", de José Emilio Iniesta González


Misterio en el Alcázar

“La risa de las mujeres muertas”. José Emilio Iniesta González. Alfaqueque. 288 páginas / 19’95 euros.

Esta obra representa, después de Si Vivaldi aprendiese solfeo, la segunda incursión del murciano José Emilio Iniesta González en el terreno de la novela. En ella, el lector asiste desde el primer capítulo a las aventuras del guitarrista Julio Pretel, quien, tras un concierto en el Alcázar sevillano, tendrá un enigmático encuentro con una bella joven relacionada con la princesa residente en el palacio novecientos años atrás, en los tiempos de Al-Andalus. A partir de ahí, la historia de Julio y su búsqueda por conocer la identidad de esta mujer discurrirá con constantes saltos temporales, alternando el presente con la época del dominio musulmán en la península.

La risa de las mujeres muertas constituye, a la manera de otras novelas de entramado histórico como La verdad sobre el caso Savolta, un conglomerado de diferentes géneros narrativos. De este modo se incluyen documentos extraídos de libros, transcripciones de psicofonías, noticias de prensa o, incluso, correos electrónicos, pues parte de la investigación de Julio Petrel se lleva a cabo a través de Internet, lo que aporta credibilidad a la trama. También es reseñable la ambientación de los capítulos desarrollados en la época de los almorávides. Se nota que el autor es buen conocedor del terreno que pisa; narra sucesos acontecidos en un tiempo lejano con la cercanía y los detalles precisos para atraer al lector, sin abrumarle con datos superfluos.

Todo lo anterior hace de esta novela una lectura entretenida, variada (los viajes del protagonista son recurrentes) y con acertados golpes de humor en los diálogos. Sin embargo, no contribuye a su disfrute la excesiva cantidad de texto por página de la maquetación, y menos aún el uso de un tipo de letra sin rasgo o la inserción de capítulos enteros (los situados en Al-Andalus) en cursiva, algo innecesario por lo obvio del cambio temporal. Estos detalles tipográficos, que quizá no tendrían importancia en un relato menos extenso, sin duda la adquieren en una obra de casi trescientas páginas.

Publicado el 24-X-09 en el semanario cultural Ababol de La verdad.

Para leer la reseña ampliada, tal y como apareció en prensa, pincha la imagen:

5 comentarios:

Rubén dijo...

Sí, la tipografía es sofocante. Y la caja de la página está demasiado cargada. En eso estamos plenamente de acuerdo. Lo que ocurre es que la historia está muy bien organizada y contada. Si esto lo firma un "consagrado" se hincha a vender ejemplares. Es así de evidente. A mí me pareció una novela más que notable.

Anónimo dijo...

¡Hola Rubén!

Como habrás visto, yo reseño la calidad de la novela, me ha parecido una obra bien escrita, muy fluida, con muchos cambios temporales muy conseguidos. Pero me parece que estos detalles tipográficos de los que hablo en la reseña son muy importantes en una novela extensa, y lo único que hacen es dificultar su lectura. Creo que el autor ha cumplido su parte, pero el editor ya no sé qué decirte...
Un abrazo fuerte,

Gonzalo

Rafa dijo...

Qué bueno que es la verdad sobre el caso Savolta, me encantó y la ciudad de los prodigios
Tiene buena pinta el libro aunque he de confesar que no me gustan las novelas históricas, pero reconozco su dificultad
un saludo!!!

Anónimo dijo...

Hola Rafa,

Desde luego, E. Mendoza es uno de los mejores escritores españoles actuales (según mi opinión). Pero con él pasa lo mismo que con otros: como utiliza mucho el humor no se le considera un escritor serio o, al menos, se le sitúa por debajo de otros escritores peores pero más solemnes. Además de la trilogía que comienza con "El misterio de la cripta embrujada", yo recomiendo especialmente "El último trayecto de Horacio Dos". Un texto corto y desternillante, de los que te da pena que termine.

Un abrazo,

Gonzalo

Camila dijo...

Siempre he leído mucho y por eso trato de enterarme de cosas que me sirvan en internet y de esta manera seguir ampliando mis horizontes literarios. Siempre trato de sentarme junto a mis estufas y de esta manera puedo pasar horas leyendo