sábado, 27 de febrero de 2010

Crítica de "La bailarina y el inglés", de Emilio Calderón


Un inglés en la India

“La bailarina y el inglés”. Emilio Calderón. Planeta. 306 páginas / 21 euros

Con La bailarina y el inglés, y después de Muerte entre poetas (la obra de Ángela Vallvey finalista en 2008), la narrativa policíaca parece haberse instalado provisionalmente en el segundo escalón del mediático Premio Planeta. Esta novela del malagueño Emilio Calderón, autor curtido desde sus comienzos en la novela juvenil, se desarrolla en la India durante la Segunda Guerra Mundial, época en la que el dominio británico entra en franca decadencia frente a los nacionalistas —con Gandhi y Nehru a la cabeza— y la amenaza de invasión del ejército japonés. En ella, el protagonista Masters, policía de padres ingleses aunque nacido y crecido en la India, tendrá que investigar el robo de unas joyas y el asesinato del maharajá de Jay Town, en una búsqueda que le llevará a descubrir su condición de desarraigado por partida doble y a revelar los entresijos y corruptelas del dominio anglosajón en el subcontinente.

La bailarina y el inglés es una historia de corte clásico, contada sin estridencias pero con gran eficacia, sustentada ésta en los ágiles y divertidos diálogos y, sobre todo, en la espléndida recreación del ambiente del trópico y la sociedad británica colonial, un mundo aislado y totalmente ajeno a la pobreza y el sufrimiento de los nativos. La narración en primera persona del protagonista, que recuerda sus vivencias desde Inglaterra en tiempo presente, proporciona la chispa necesaria a la novela, principalmente con numerosas anécdotas sobre la vida en la selva india, las costumbres fastuosas de los maharajás o los ritos religiosos de los hindúes, que tantos quebraderos de cabeza dieron a los dominadores europeos.

Además de una trama policíaca de línea tradicional y, por ello, no excesivamente novedosa, la finalista del Planeta 2009 es, más que nada, un inteligente estudio sobre la identidad cultural de los colonos que nacieron en el extrarradio del Imperio, pero que mantuvieron a la metrópoli como referente en su educación, con la consiguiente idealización y el posterior desengaño que supuso descubrir una Madre Patria hostil.

Esto queda reflejado en las continuas reflexiones del protagonista, así como en el desprecio al que es sometido tanto por sus supuestos compatriotas británicos, quienes lo consideran contaminado por las bárbaras costumbres locales, como por los nacionalistas indios, para los que resulta un traidor, pero quienes, al fin y al cabo, son sus auténticos compañeros de pupitre. La bailarina y el inglés elude hábilmente el peligro del exotismo vacuo y decorativo, proponiendo una historia más profunda de lo que a simple vista puede parecer, y que cumplirá sin duda las expectativas del lector que busque calidad y entretenimiento.

Publicado el 27-II-2010 en el semanario cultural Ababol de La Verdad

Pongo aquí la reseña original, escaneada. Para leerla ampliada, pincha sobre la imagen:


4 comentarios:

Rubén dijo...

Me la pido para el verano, cuando tenga más tiempo libre. He leído cosas suyas juveniles, solamente.

Gonzalo dijo...

Seguro que no te arrepentirás, Rubén. Tanto "La bailarina y el inglés" como "Muerte entre poetas" me han encantado; no he leído las respectivas novelas ganadoras, pero te puedo decir que estas dos obras son merecedoras del premio gordo del Planeta. Emilio Calderón es un gran contador de historias, sin muchos aspavientos, pero eficaz a más no poder. Desde luego, la ambientación está tan lograda que pareces sumergirte en la selva india mientras lees la novela. Y de paso aprendes sobre el proceso de descolonización de la India y la invasión japonesa del subcontinente durante la segunda guerra mundial. Toda una recomendación, con una edición preciosa, como casi todas las obras de Planeta.
Muchas gracias por tu comentario, Rubén (y que disfrutes la lectura)
Un abrazo,
Gonzalo

Culturajos dijo...

Críticas en gran formato Gonzalo. Me gusta que el solar de las palabras sea amplio y te felicito por él.

En cuanto al libro parece sugerente. No sé cuándo podré echarle mano, pero ahí queda pendiente. El de Angela Vallvey (creo que se escribe así) también queda pendiente.

Un abrazo, Pedro

Gonzalo dijo...

Hola Pedro,

Tienes razón, por suerte todavía hay espacio para la literatura en los periódicos. ¡Imagínate lo que sería si le dedicaran a la cultura solamente una tercera parte de lo que se le deja, no ya a los deportes en general, sino solamente al fútbol! Fíjate, en su web, Lorenzo Silva tiene colgada una entrevista (recomendable si tienes 45 minutos libres) que le hicieron con motivo de la última edición de Getafe Negro.Dice en ella que en Suecia, con menos de 10 millones de habitantes, se llegan a vender hasta 3 millones de ejemplares de algunos libros, y en España, con 45 millones (o más, no sé cuántos somos ya exactamente) es dificilísimo que un libro alcance el millón de copias vendidas. ¿Dónde está el fallo, ahora que ya no podemos echarle la culpa al nivel económico del país? ¿Se la echamos al buen tiempo? ¿Y acaso no podrían los suecos, con todo su frío y su mal tiempo, engancharse a la Play o sentarse enfrente de la tele en lugar de leer? ¿Dónde está la clave del problema? En fin, son preguntas retóricas casi tan difícil de contestar como si existe Dios o no o si hay vida después de la muerte, jaja.
Te mando un abrazo y te recomiendo la lectura de la entrada, al igual que la de Vallvey, muy buenas las dos.
Gonzalo