domingo, 12 de junio de 2011

Reseña de "La osamenta", de Alberto Chessa, en La verdad


El hombre y la ciudad



“LA OSAMENTA”
Autor: Alberto Chessa.
Estilo: Poesía.
Editorial: Rialp.
Madrid, 2010.
104 páginas. 9’50 euros.




Después de Antonio Aguilar Rodríguez, que en 2003 consiguió otro accésit con  Allí donde no estuve, Alberto Chessa (Murcia, 1976) es el segundo autor murciano galardonado recientemente en el premio Adonáis, uno de los certámenes más prestigiosos de la lírica española que, desde los años 40, no ha dejado de dar a conocer a nuevos autores que más tarde se han convertido en figuras de la poesía nacional.

Como afirma Jordi Doce en su inteligente prólogo, La osamenta es “una autobiografía o colección de instantes y pruebas iniciáticas”, algo que se aprecia en las fechas y lugares de composición de los poemas, que oscilan entre 1999 y 2010, y entre las ciudades de Murcia y Madrid principalmente, y que crea cierta dispersión que no ayuda a que el libro fragüe como unidad, pese a que los poemas de preludio y coda (composiciones barrocas bastante hermosas, por cierto) actúen como elementos de cohesión.

Antes que nada, Alberto Chessa se revela en este primer poemario como un buen poeta urbano, nocturno, conocedor de los latidos íntimos y las soledades que subyacen en la vida en la ciudad, como queda reflejado en “De noche”, “Aparición” o en “Historia de dos ciudades”, poema que plasma vívidamente la extrañeza de vivir a caballo entre dos lugares, o en “Ni siquiera de antología”, cruda y conmovedora historia de una vocación poética errada.
 
También merecen ser destacados varios poemas de estilo conversacional, ocurrentes, trazados con fina ironía y sentido del humor, y no exentos de simbolismo, como son “La mosca”, “La cojera”, “Naturaleza muerta” y “La esperada”, que demuestran que estamos ante un poeta trabajado, conocedor de la tradición, algo que se ratifica en la espléndida “Elegía a un no nacido”. 
 
La osamenta es, pues, un libro iniciático, que no primerizo, acaso algo desigual, de un autor al que habremos de estar atentos en sus próximas incursiones editoriales. Madera de poeta no le falta.