lunes, 14 de mayo de 2012

"12M/15M: Por una regeneración moral", en el Diario de Toledo


12-M/15M: por una regeneración moral

                
      De un tiempo a esta parte me encuentro cada vez con mayor frecuencia con el concepto de lo “moral”. En la columna de ayer (13 de mayo) de Manuel Vicent, titulada “Saliva”, leo que debemos retrotraernos hasta 1898, año de la pérdida de las últimas colonias nacionales, y símbolo de la decadencia secular de España, “para hallar una caída moral, una confusión política y un desprecio por la propia patria semejante a la que atenaza a los españoles en este momento”. Días antes de leer este artículo salí asombrado del cine tras ver “Las nieves del Kilimanjaro”, de Robert Guédiguian, extraordinario ejemplo de cine “moral” en el mejor sentido del término. Estos que cito son solo dos ejemplos, pero que sirven para mostrar un sentimiento latente en la sociedad. Aunque aquí y ahora quizá sea más apropiado hablar de una necesidad. Imperiosa.

       Hace dos días muchos ciudadanos volvimos a tomar las calles para expresar nuestra indignación. Que lo hiciéramos agrupados bajo el nombre del 15-M o las diferentes consignas que se gritasen en las manifestaciones es lo de menos, pues a todos nos une en el fondo un sentimiento común. Lo importante es que algo nos mueva hacia el rumbo que -creo- debemos tomar: el de la regeneración moral. Profunda y silenciosa. Por supuesto que las clases dirigentes y los poderosos tienen que cambiar. Muchísimo. Pero debemos empezar por cambiar nosotros, individualmente, perfeccionándonos, exigiéndonos a nosotros mismos, como mínimo, tanto como exigimos a los demás, e influyendo de este modo en nuestros pequeños círculos vitales. Con nuestras acciones diarias y cotidianas. En la forma de gastar nuestro dinero. En todo.

      Hace tres años escuché a Antonio Tabucchi explicar cómo Italia, el país supuestamente más educado en política del mundo, votaba en masa a un individuo como Berlusconi, a quien ahora tanta gente se avergüenza de haber elegido. Lo explicaba con la sencillez de las cosas evidentes, aquellas que de tenerlas tan cerca terminamos por no ver. Catorce horas de telebasura al día, explicaba con una sonrisa triste el escritor recientemente fallecido, acaban pudriéndole la mente al más pintado. 

       En España, durante un tiempo miramos por encima del hombro a los italianos porque ellos tenían un payaso mafioso de presidente, e incluso se habló del “sorpasso” económico de nuestro país a Italia. Ahora, después de años de sectarismo político en los principales partidos, de mediocridad ciudadana, de insoportable autocomplacencia y despilfarro, de horas interminables de fútbol y telebazofia, de desprecio al trabajo metódico y bien hecho, de pasividad y conformismo cómplices, de rechazo a la cultura y la educación hasta por los propios integrantes del gremio, han llegado en España a niveles insospechados el embrutecimiento colectivo y la corrupción moral. Lo visceral se impone en todas partes a lo racional y el país está literalmente paralizado, en estado de coma. La regeneración moral debe producirse cuanto antes. Solo así podremos salvarnos, y hacerlo está en nuestras manos.

Para leer el artículo en el Diario de Toledo, pincha AQUÍ

2 comentarios:

Pilar Alberdi dijo...

Un excelente artículo. Me sumo a tus palabras. Las personas, especialmente, los que están en el paro, necesitan respuestas ya. Decir que el año que viene será peor, no sembrar zonas de optimismo, restan el poco impulso que pueda haber para cambiar las cosas.
Saludos.

Anónimo dijo...

Hola Pilar,

Muchas gracias por tus palabras, y me alegro de que suscribas las ideas del artículo.

Dices algo interesante: que los que están en el paro necesitan respuestas ya. Precisamente por ahí apunta mi artículo. Ellos, los parados, como todos, también tienen que moverse, protestar más. Todos estamos en el mismo barco, como suele decirse, y en este momento urge más que nunca la participación ciudadana. No sirve de nada quejarse y quedarse de brazos cruzados. Es por nuestro propio interés, por pura inteligencia práctica, y tenemos que hacer una profunda autocrítica. Si los ciudadanos no intervenimos, y delegamos por completo, vamos al desastre. Ya estamos al borde del precipicio por esta misma razón.

Un saludo cordial,

Gonzalo