12-M/15M: por una regeneración moral
De un tiempo a esta
parte me encuentro cada vez con mayor frecuencia con el concepto de lo “moral”.
En la columna de ayer (13 de mayo) de Manuel Vicent, titulada “Saliva”, leo que
debemos retrotraernos hasta 1898, año de la pérdida de las últimas colonias
nacionales, y símbolo de la decadencia secular de España, “para hallar una
caída moral, una confusión política y un desprecio por la propia patria
semejante a la que atenaza a los españoles en este momento”. Días antes de leer
este artículo salí asombrado del cine tras ver “Las nieves del Kilimanjaro”, de
Robert Guédiguian, extraordinario ejemplo de cine “moral” en el mejor sentido
del término. Estos que cito son solo dos ejemplos, pero que sirven para mostrar
un sentimiento latente en la sociedad. Aunque aquí y ahora quizá sea más
apropiado hablar de una necesidad. Imperiosa.
Hace dos días muchos ciudadanos volvimos a tomar las
calles para expresar nuestra indignación. Que lo hiciéramos agrupados bajo el
nombre del 15-M o las diferentes consignas que se gritasen en las
manifestaciones es lo de menos, pues a todos nos une en el fondo un sentimiento
común. Lo importante es que algo nos mueva hacia el rumbo que -creo- debemos tomar: el
de la regeneración moral. Profunda y silenciosa. Por supuesto que las clases
dirigentes y los poderosos tienen que cambiar. Muchísimo. Pero debemos empezar
por cambiar nosotros, individualmente, perfeccionándonos, exigiéndonos a
nosotros mismos, como mínimo, tanto como exigimos a los demás, e influyendo de
este modo en nuestros pequeños círculos vitales. Con nuestras acciones diarias
y cotidianas. En la forma de gastar nuestro dinero. En todo.
Hace tres años escuché a Antonio Tabucchi explicar cómo
Italia, el país supuestamente más educado en política del mundo, votaba en masa
a un individuo como Berlusconi, a quien ahora tanta gente se avergüenza de
haber elegido. Lo explicaba con la sencillez de las cosas evidentes, aquellas
que de tenerlas tan cerca terminamos por no ver. Catorce horas de telebasura al
día, explicaba con una sonrisa triste el escritor recientemente fallecido,
acaban pudriéndole la mente al más pintado.
En España, durante un tiempo miramos por encima del hombro
a los italianos porque ellos tenían un payaso mafioso de presidente, e incluso se
habló del “sorpasso” económico de nuestro país a Italia. Ahora, después de años de sectarismo político
en los principales partidos, de mediocridad ciudadana, de insoportable
autocomplacencia y despilfarro, de horas interminables de fútbol y telebazofia,
de desprecio al trabajo metódico y bien hecho, de pasividad y conformismo
cómplices, de rechazo a la cultura y la educación hasta por los propios
integrantes del gremio, han llegado en España a niveles insospechados el
embrutecimiento colectivo y la corrupción moral. Lo visceral se impone en todas
partes a lo racional y el país está literalmente paralizado, en estado de coma.
La regeneración moral debe producirse cuanto antes. Solo así podremos
salvarnos, y hacerlo está en nuestras manos.
Para leer el artículo en el Diario de Toledo, pincha AQUÍ

2 comentarios:
Un excelente artículo. Me sumo a tus palabras. Las personas, especialmente, los que están en el paro, necesitan respuestas ya. Decir que el año que viene será peor, no sembrar zonas de optimismo, restan el poco impulso que pueda haber para cambiar las cosas.
Saludos.
Hola Pilar,
Muchas gracias por tus palabras, y me alegro de que suscribas las ideas del artículo.
Dices algo interesante: que los que están en el paro necesitan respuestas ya. Precisamente por ahí apunta mi artículo. Ellos, los parados, como todos, también tienen que moverse, protestar más. Todos estamos en el mismo barco, como suele decirse, y en este momento urge más que nunca la participación ciudadana. No sirve de nada quejarse y quedarse de brazos cruzados. Es por nuestro propio interés, por pura inteligencia práctica, y tenemos que hacer una profunda autocrítica. Si los ciudadanos no intervenimos, y delegamos por completo, vamos al desastre. Ya estamos al borde del precipicio por esta misma razón.
Un saludo cordial,
Gonzalo
Publicar un comentario en la entrada