jueves, 15 de abril de 2010

Presentamos "Cárcel" en la FNAC de Murcia

Ayer presentamos en la FNAC de Murcia Cárcel, de Enrique Rubio. Se trata de un lugar extraordinario para realizar actos culturales. En la foto, de derecha a izquierda, Francisco Giménez Gracia, el autor de la obra y un servidor.


Este es el texto que leí sobre Cárcel, una breve introducción a la obra:

Este volumen, undécima entrega de la colección “La Biblioteca del Tranvía” de la editorial Tres Fronteras, reúne dos relatos breves que tienen en común el tema de la libertad, aun cuando el enfoque de ese tema sea muy distinto en ambos. Pero antes de comentar estas dos historias, me gustaría señalar brevemente algunos datos en apariencia extra-literarios que, según creo, no carecen de interés para los murcianos aficionados a la literatura. El cuento “Cárcel” fue premiado con un accésit en la modalidad de relato en el certamen Murcia Joven 2007, la última edición de este concurso que, después de veinte años de andadura, desaparecía del panorama cultural murciano de golpe y sin ninguna justificación oficial, dejando en clara desventaja a los jóvenes creadores de la región que no viven en la capital, pues residir o desarrollar su actividad profesional en Murcia ciudad es requisito imprescindible para participar en el certamen que sí sobrevivió, el Creajoven.

Desde las primeras ediciones del Murcia Joven, allá por los ochenta, resultaron premiados en él algunos autores que por entonces tenían poco más de veinte años y que, después, se convertirían en escritores de renombre nacional o incluso internacional, como, por citar sólo algunos nombres, el Premio Alfaguara de novela 2007 Luis Leante, el Talento FNAC de novela Javier Moreno, el Premio Gran Angular de Novela Juvenil en 2007 Marta Zafrilla o el propio Enrique Rubio, autor, como sabemos, de la novela publicada en Booket Tengo una pistola. Me gustaría aprovechar la presencia de estos micrófonos para recordar a las autoridades culturales la importancia que tiene para los escritores que empiezan que se mantengan, año tras año, este tipo de certámenes. Un escritor se forja a lo largo de mucho tiempo, con esfuerzo y horas de soledad, y la oportunidad de ver publicado algún relato o de recibir un pequeño premio económico le supone un estímulo bastante considerable (y más aún en la actualidad, cuando estamos acostumbrados a obtener recompensas de forma inmediata en otras actividades menos trabajosas y complejas que la escritura de creación).

Pero volvamos al relato “Cárcel”. Este cuento, que da título al volumen, me parece muy interesante por varias razones. En primer lugar, porque en él se prefiguran algunos elementos que más tarde aparecerían en Tengo una pistola, sin duda una de las novelas más originales y arriesgadas de la literatura española contemporánea, y una obra que recomiendo encarecidamente a todos los asistentes a este acto que todavía no la hayan leído. Pues bien, dos de esos elementos que luego figuraron en la novela son la obsesión del protagonista por ocultar su rostro con un casco de motocicleta (rasgo distintivo de Cáscaradenuez, protagonista de Tengo una pistola); o su necesidad de vivir encerrado, sin salir en ningún momento de un espacio herméticamente aislado del mundo exterior.

Aun así, lo que representa el verdadero meollo del relato, ahí donde reside su valor literario intrínseco, es el modo en que "Cárcel" plantea hasta qué punto el ciudadano de un Estado de Derecho (como, por ejemplo, el nuestro), es libre de realizar por completo su voluntad, y dónde la Ley y el Estado establecen la frontera que separa la supervisión del cumplimiento de la ley del control sobre la vida de los ciudadanos. En este sentido, "Cárcel" presenta un argumento brillante y paradójico: un personaje quiere entrar por la fuerza, mediante una excavadora y un martillo neumático, en la prisión provincial. Lo hace con el único fin de obtener allí la tranquilidad y el silencio que necesita para escribir su novela, una calma de la que no puede disfrutar en ningún lugar que no sea la cárcel. Creo que este punto de partida resulta suficiente para calibrar la originalidad de este cuento.

Como verán los lectores más adelante, en el relato tiene lugar un juicio absolutamente hilarante, para el cual, puestos a definirlo, el adjetivo kafkiano se quedaría muy corto. En ese juicio, el juez y el fiscal hacen todo lo posible por evitar que el acusado entre en prisión, y el acusado, por el contrario, aporta cuantas pruebas y argumentos encuentra a favor de su ingreso en la cárcel. De este modo, Enrique plantea en clave de humor una serie de preguntas que rara vez nos hacemos nosotros, ciudadanos de una democracia occidental y de un Estado de Derecho. Las preguntas son las siguientes: ¿qué pasaría si alguien quisiera ingresar en prisión aun sin haber cometido ningún delito? ¿Tendría derecho el Estado a impedir que se cumpliera su voluntad? ¿Y si su intención de entrar en la cárcel lleva al ciudadano a cometer un delito? ¿No sería mejor, en este caso, que entrase en prisión “libremente” antes de que hiciera cualquier fechoría para forzar su ingreso?

Todas estas preguntas sin aparente respuesta asaltan al lector de “Cárcel”, si bien el autor parece querer dar su opinión al respecto en una conversación (un ejemplo de oscurísimo sentido del humor) entre el protagonista recién detenido con un agente del orden. El diálogo se desarrolla en la comisaría. En él, el protagonista recuerda que, años atrás, se autolesionó gravemente en esa misma comisaría. El agente entonces rememora como, obligados por la ley, los policías tuvieron que “defenderle” de sí mismo propinándole una paliza todavía más fuerte. A continuación, el agente le pregunta por qué se autogolpeó, a lo que el narrador responde: “Para corroborar que mi vida no depende de mí; que no me pertenezco; que no soy mío. Ahora lo sé. No soy libre. Pertenezco al Estado. Estáis obligados a protegerme. No soy responsable de mi vida.” Creo que Enrique se ha pronunciado claramente. Ahora bien, si el protagonista finalmente entra o no en la cárcel es algo que no diré para no estropearos la lectura del relato.

El segundo cuento, titulado “Secuestro”, fue premiado en el Certamen literario para Jóvenes creadores celebrado en Madrid en 2008. Como ya dijimos, este relato también aborda, aunque desde un punto de vista distinto, el tema de la libertad. En esta ocasión el protagonista es un conductor de autobús a punto de jubilarse que, secuestrado a punta de pistola, es obligado por un misterioso individuo a conducir sin rumbo fijo a lo largo y ancho del planeta, con la condición de no regresar al lugar donde se produjo el secuestro. A través de un hábil manejo de la elipsis, de los saltos hacia adelante y atrás en el tiempo, y de una escritura singularmente poética, el protagonista describe los sucesivos paisajes que va atravesando en su peregrinación indefinida. A lo largo del relato, y aquí es donde se encuentra el quid de la historia, se produce una evolución psicológica en el protagonista, y también de su concepción del rapto.

Llegado a un punto, el narrador reconoce que, gracias al secuestro, ha podido conocer lugares en los que nunca hubiera estado y ha vivido experiencias enriquecedoras por las que no hubiese pasado de no ser por el cañón del arma que aprieta su nuca. Así surgen, al igual que en el anterior relato, nuevas preguntas difíciles de responder, y que incluso podríamos llegar a considerar filosóficas: ¿era más libre el protagonista antes del secuestro, cuando vivía sujeto a unas rutinas inflexibles? ¿El secuestrador, en este caso, resta u otorga libertad al rehén? Y finalmente: ¿es menos feliz el protagonista una vez que ha sido “privado” de su libertad? Estos son sólo algunos de los elementos literarios de calidad que encontrará el lector que se adentre en esta “Cárcel”. Seguro que no os arrepentiréis de hacerlo. Muchas gracias por vuestra atención.

viernes, 2 de abril de 2010

Crítica de "Las cenizas de Gramsci", de Pier Paolo Pasolini

Como mañana sábado no hay periódico en casi toda España, hoy ha salido con La Verdad el semanario cultural Ababol y, en él, una reseña sobre Las cenizas de Gramsci, el poemario más famoso del escritor italiano Pier Paolo Pasolini. Casualmente, esta crítica y la reedición de la obra coinciden con las peticiones para la reapertura del caso del asesinato de Pasolini, acaecido en 1975.


El pueblo y la Historia

“Las cenizas de Gramsci”. Pier Paolo Pasolini. Madrid, 2009. Editorial: Visor. 328 páginas. 16 euros.

Tradicionalmente considerada como la obra cumbre de la poesía pasoliniana, Las cenizas de Gramsci se compone de once poemarios breves, principalmente formados por tercetos endecasílabos (en el original italiano), que aparecieron publicados, desde 1951 hasta 1957, en plaquettes y revistas literarias dispersas. El tema común de esta aparente diversidad es la exaltación del pueblo llano (u oprimido, por utilizar la terminología de Pasolini), así como la protesta en torno a sus míseras condiciones de vida y la reflexión sobre su protagonismo en la Historia, partiendo de los postulados de Antonio Gramsci, frente a cuya tumba en el cementerio protestante de Roma el intelectual italiano encuentra la inspiración.

Desde la primera parte, titulada El Apenino, hasta La tierra de trabajo, pasando por Cuadros friulanos o La humilde Italia, este poemario adecuadamente traducido (no conserva la rima en castellano pero mantiene el ritmo del verso) por Stéphanie Ameri y Juan Carlos Abril constituye, un poco a la manera del Canto general nerudiano, una mirada solidaria y emocionada a todas las regiones de Italia (sin olvidar los incipientes barrios chabolistas de las grandes ciudades) y, a la vez, un homenaje al pueblo trabajador, en el que Pasolini rehuye el paternalismo y la idealización que caracterizaron a ciertos teóricos marxistas, para acercarse y aprehender el verdadero elemento popular. En ese sentido apunta su crítica a Picasso y los intelectuales que le convirtieron en pintor oficial de la izquierda aun cuando en sus telas nunca apareciese el obrero o el campesino.

Las cenizas de Gramsci representa, pues, el compromiso coherente y heterodoxo de uno de los grandes intelectuales del siglo XX con los problemas esenciales de su tiempo. Un libro que sigue arrojando luz sobre cuestiones aparentemente olvidadas, y que ahora vuelven en época de globalización. No en vano, el poeta Luis García Montero ha dicho en relación con este poemario: “En tiempos de cinismo, desorientación y debilidad cívica, la voz de Pasolini es convocada de forma oportuna”.

Publicado el 2-IV-2010 en el semanario cultural Ababol de La Verdad

Para leer la reseña ampliada, pincha en la imagen: