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Blog (principalmente) de literatura



Creo que a todos los estudiantes de letras y a los apasionados por la escritura en particular nos hubiera gustado tener, en algún momento de nuestra etapa universitaria, a un escritor de éxito como profesor. Quizá se deba esto a que los departamentos españoles de literatura hayan dejado de lado la actividad creadora para centrarse casi exclusivamente en el comentario explicativo, en la apostilla literaria. La obsesión por sumar publicaciones para acceder a las plazas de profesor disuade a los aspirantes del ejercicio literario principalmente por dos razones: 1) La enorme dificultad que entraña la creación literaria que, a su vez, resta tiempo para escribir posibles "publicaciones científicas"; y 2) La escasa o nula valoración de los textos literarios en los baremos de acceso a los puestos de profesor, resultado, en gran parte, de la ignorancia de los propios tribunales acerca de las complejidades de la escritura literaria y, en el fondo, del ínfimo reconocimiento que siempre ha tenido en España el trabajo intelectual (lo que no dejará de perpetuarse con el sistema actual).
La prueba más evidente de todo lo anterior es la ausencia en nuestro país de asignaturas de creación, a diferencia, por poner un ejemplo, de las universidades norteamericanas o británicas. Es cierto que las facultades anglosajonas cuentan con los enormes ingresos procedentes de las carísimas matrículas, pero igualmente se podrían hacer en nuestras universidades extraordinarias sesiones prácticas de escritura literaria, con alumnos motivados y buenos escritores que aceptarían impartir estas clases por un precio no demasiado elevado, dadas las escasas oportunidades pecuniarias que ofrece el oficio de escritor. De hecho, los talleres literarios se imparten en bibliotecas públicas, centros de juventud, aulas de mayores, etc., etc. Esto quiere decir que la universidad de letras, supuesto guardián de la literatura, se apartó hace años de su papel de órgano creador para automarginarse y romper el diálogo con la sociedad. Ahí está el origen de su decadencia actual.
El caso de María Dueñas es, pues, un ejemplo de lo comentado al inicio de la entrada, un raro caso de profesor/escritor destacado. La recuerdo como una de las profesoras mas cercanas y dinámicas de Filología Inglesa. Por eso, saber que de su primera novela, El tiempo entre costuras, se han vendido cien mil ejemplares es una alegría y un soplo de aire fresco y creativo para la comunidad universitaria de letras, viniendo además de una licenciatura en la que hace sólo unos años los profesores leían todavía menos que los alumnos. Estoy deseando leer este novelón (tiene cerca de 600 páginas) sobre las andanzas de una costurera en el Marruecos colonial español, una historia que, por lo que pude hojear, cuenta con un comienzo fabuloso, de los que dejan huella y te impelen a seguir leyendo hasta el final: "Una máquina de coser reventó mi vida".

