viernes 5 de febrero de 2010

Aparecen en papel los números 16 y 17 de la revista literaria ÁGORA


Después de su lanzamiento en versión digital, con el que se ha alcanzado una difusión de más de 2000 ejemplares, acaban de publicarse, en edición conjunta de papel, los números 16 y 17 de la revista literaria Ágora. Reproduzco la portada de la revista, de 94 páginas, sobria pero con contenido, que ha podido salir a la luz gracias al empeño infatigable de los dos codirectores de la publicación, Fulgencio Martínez y Francisco Javier Illán Vivas. Desde aquí les doy mi enhorabuena por el trabajo realizado.

Para leer el número 16, pincha AQUÍ y, luego, Click here to start download

Para leer el número 17, pincha AQUÍ y, luego, Click here to start download

Si quieres descargar mi cuento
Humberto, el que se fue al Brasil, incluido en el número 16, pincha en la portada de la revista y, en la pantalla siguiente, Click here to start download

sábado 30 de enero de 2010

Entrevista a Félix de Azúa en You Tube


Hace unos días, curioseando por You Tube, encontré esta excelente entrevista al filósofo y escritor Félix de Azúa. En los treinta y cinco minutos que dura el vídeo, el barcelonés toca muchos temas: sus comienzos en la filosofía, su obra literaria, la actualidad política española y hasta la gastronomía. El autor de Historia de un idiota contada por él mismo, una de las novelas más divertidas y lúcidas de la literatura española contemporánea, o de ensayos literarios tan apasiondos como Lecturas compulsivas, dedica en este vídeo unos interesantes comentarios al nacionalismo en general y, en particular, al catalán. Muy recomendable también es su blog del Boomerang, donde Félix de Azúa recoge los artículos que publica en El País. Si tenéis media hora libre, no os perdáis la entrevista. Podéis verla pinchando AQUÍ

jueves 21 de enero de 2010

"El tiempo entre costuras", de María Dueñas (notas rápidas sobre escritura literaria y la Universidad)


Creo que a todos los estudiantes de letras y a los apasionados por la escritura en particular nos hubiera gustado tener, en algún momento de nuestra etapa universitaria, a un escritor de éxito como profesor. Quizá se deba esto a que los departamentos españoles de literatura hayan dejado de lado la actividad creadora para centrarse casi exclusivamente en el comentario explicativo, en la apostilla literaria. La obsesión por sumar publicaciones para acceder a las plazas de profesor disuade a los aspirantes del ejercicio literario principalmente por dos razones: 1) La enorme dificultad que entraña la creación literaria que, a su vez, resta tiempo para escribir posibles "publicaciones científicas"; y 2) La escasa o nula valoración de los textos literarios en los baremos de acceso a los puestos de profesor, resultado, en gran parte, de la ignorancia de los propios tribunales acerca de las complejidades de la escritura literaria y, en el fondo, del ínfimo reconocimiento que siempre ha tenido en España el trabajo intelectual (lo que no dejará de perpetuarse con el sistema actual).

La prueba más evidente de todo lo anterior es la ausencia en nuestro país de asignaturas de creación, a diferencia, por poner un ejemplo, de las universidades norteamericanas o británicas. Es cierto que las facultades anglosajonas cuentan con los enormes ingresos procedentes de las carísimas matrículas, pero igualmente se podrían hacer en nuestras universidades extraordinarias sesiones prácticas de escritura literaria, con alumnos motivados y buenos escritores que aceptarían impartir estas clases por un precio no demasiado elevado, dadas las escasas oportunidades pecuniarias que ofrece el oficio de escritor. De hecho, los talleres literarios se imparten en bibliotecas públicas, centros de juventud, aulas de mayores, etc., etc. Esto quiere decir que la universidad de letras, supuesto guardián de la literatura, se apartó hace años de su papel de órgano creador para automarginarse y romper el diálogo con la sociedad. Ahí está el origen de su decadencia actual.

El caso de María Dueñas es, pues, un ejemplo de lo comentado al inicio de la entrada, un raro caso de profesor/escritor destacado. La recuerdo como una de las profesoras mas cercanas y dinámicas de Filología Inglesa. Por eso, saber que de su primera novela, El tiempo entre costuras, se han vendido cien mil ejemplares es una alegría y un soplo de aire fresco y creativo para la comunidad universitaria de letras, viniendo además de una licenciatura en la que hace sólo unos años los profesores leían todavía menos que los alumnos. Estoy deseando leer este novelón (tiene cerca de 600 páginas) sobre las andanzas de una costurera en el Marruecos colonial español, una historia que, por lo que pude hojear, cuenta con un comienzo fabuloso, de los que dejan huella y te impelen a seguir leyendo hasta el final: "Una máquina de coser reventó mi vida".

lunes 18 de enero de 2010

Entrevista en Televisión Murciana / El armario de Abdou en la cosecha literaria regional 2009 del diario "La Opinión"


Mañana martes, a las 12 de la noche, Televisión Murciana (TVM) emitirá la tertulia televisiva "De plática", en la que aparecemos como invitados el escritor Enrique Rubio (autor de la novela Tengo una pistola) y un servidor. A lo largo del programa, hablaremos en profundidad de la novela de este escritor murciano, publicada en 2009 en el sello Booket (Planeta), así como del panorama literario murciano actual y de la Antología de la novísima narrativa breve hispanoamericana 2008, reseñada hace unos días en el suplemento cultural Ababol de La verdad. El programa se emitirá de nuevo el miércoles a las 7:30 de la mañana.













En el diario La Opinión de Murcia, dentro de su tradicional resumen anual de la cosecha literaria de la región, el crítico Ramón Jiménez Madrid ha incluido El armario de Abdou en la sección de cuento. Para leer el texto en la Web de La Opinión, pincha AQUÍ

domingo 17 de enero de 2010

Crítica de "Caligrafía de la nieve", de Antonio Marín Albalate

Este poemario de Antonio Marín Albalate (Cartagena, 1955) cierra el ciclo iniciado con La memoria del viento y, después de La nieve toda, representa el quinto libro del autor en torno a la nieve como sujeto poético. Bajo la influencia (reconocida por el propio autor en su original prólogo) de Neige, de Maxence Fermine, y en especial del protagonista de esta obra, Yuko Akita, Marín Albalate ha dividido el volumen en cinco episodios que coinciden con cinco características de la nieve, creando un conjunto orgánico en el que fondo y forma se imbrican en todo momento.

Ya en la primera parte, dedicada a la blancura del elemento, Marín Albalate inserta los breves poemas que serán la tónica general del volumen, escuetas pinceladas o leves apuntes a vuelapluma que consiguen congelar la impresión subjetiva producida por una noche de luna frente al mar, el nombre de la amada o los carnosos labios de una mujer. Así pues, la capacidad de la nieve de helar y preservar la naturaleza constituye la metáfora sobre la que gira el segundo episodio del poemario, en el cual, y a diferencia de la parte anterior, la temática amorosa se muestra omnipresente en el recuerdo obsesivo de la amada. Siguiendo con la dinámica de las divisiones, el tercer apartado representará un elemento central del libro, pues parte de las diversas formas (diez mil, según una cita de Neige) que puede adoptar la nieve, lo que sirve al poeta para acuñar el título del volumen.

Hasta las dos últimas partes -centradas en la naturaleza resbaladiza y en la posterior conversión en agua de la nieve- no aparecerán variaciones significativas dentro de la temática del poemario, representadas en el cuarto episodio por la introducción de elementos exóticos, principalmente referencias a los paisajes costeros de Turquía y a otros lugares del Mediterráneo y, en el quinto, por los sencillos y hermosos poemas, reducidos a la esencia, que celebran la llegada del amor como la nieve que se derrite dando paso a la primavera.

“CALIGRAFÍA DE LA NIEVE”
Antonio Marín Albalate
Tres Fronteras
Murcia, 2009
122 páginas / 10 euros

Para leer la reseña ampliada, tal y como apareció en el periódico, pincha en la imagen:



Publicado en el semanario cultural Ababol de La verdad el 16-1-1o

sábado 16 de enero de 2010

Reseña de la "Antología de la novísima narrativa breve hispanoamericana" en La verdad

En el suplemento cultural Ababol de La verdad ha aparecido hoy una breve reseña sobre la "Antología de la novísima narrativa breve hispanoamericana", organizada por la Unión Latina y publicada por la editorial Grijalbo, del grupo Mondadori, en la filial de Venezuela. Aquí está el texto. Para leerlo ampliado, pincha en la imagen:








jueves 14 de enero de 2010

Fin del cuento


ESA NOCHE ASISTÍ a un nuevo triunfo de Dora sobre el escenario. Era algo prodigioso: la actriz estaba cada día más hermosa; su misterio se desvelaba con mayor claridad ante mis ojos, y su encanto se me hacía más irresistible. En esta ocasión no titubeó una sola vez; actuó con una seguridad aplastante, totalmente concentrada en su papel. La conversación que habíamos mantenido —pensé— no le había afectado en absoluto; parecía completamente ajena al asunto. Mientras la observaba, el dolor de no poder sentirla junto a mí llegó a hacerse físico, como si me doliera por adelantado la amputación de un miembro.
Al igual que el estreno, la función fue aplaudida durante más de un cuarto de hora y los actores salieron tres veces a agradecer el reconocimiento del público. Cuando cesaron los aplausos, el hecho de que la actriz dejara el escenario sin mirarme me hizo enloquecer. Esta vez no esperé a que el público saliera del teatro. Me levanté, atravesé corriendo el patio de butacas y me introduje como un vendaval por el pasillo que daba a los reservados. A mitad de recorrido encontré al acomodador de siempre, al que aparté de mi camino propinándole un codazo en plena cara. Los actores venían de entrar en sus camerinos; Dora no podía imaginar quién llamaba a su puerta con insistencia.
—Eres tú otra vez —me espetó nada más verme—. ¿Qué quieres ahora?
—Sólo quiero hablar contigo —supliqué.
—No tenemos nada que hablar —intentó zanjar la conversación cerrando la puerta, lo que sin duda habría conseguido de no ser por mi resistencia.
—Por favor, no me dés la espalda —insistí al borde de la desesperación—. Estoy loco por ti. Te he enviado cartas y regalos durante meses, y tú no me has contestado una sola vez. No puedo vivir sin ti, Dora. ¿No tienes nada que decirme? ¿Qué hay de nuestro secreto?
Su expresión cambió al oír estas palabras. Perdió toda la dulzura y me miró como siempre me habían mirado: como a un ser repulsivo, algo inferior a un ser humano.
—Tú estás enamorado de Dora —arguyó—. Pero Dora es mi nombre de actriz; fuera de eso no tengo nada que ver con ella. Es un personaje de ficción. ¿Cuándo te vas a dar cuenta?
—¿Y qué hay de nuestro secreto? —proseguí—. ¿Has olvidado nuestra unión?
—Son todo imaginaciones tuyas. No sé de dónde has sacado que existe una relación entre nosotros. Tú y yo no tenemos nada en común. Nada. Que te quede claro —concluyó.
En ese momento sentí un golpe y un fuerte tirón por la espalda. El acomodador y dos guardas me sujetaban por detrás arrastrándome hacia la salida.
—¡No puedo vivir sin ti, Dora! —grité mientras me alejaba de su camerino—. ¿Me oyes? ¡No puedo vivir sin ti!
Después sobrevino una enorme confusión. Me sacaron a la calle a golpes. En el forcejeo caí bruscamente al suelo, donde me abandonaron como a un fardo. A mi lado, apostados junto a la puerta, algunos admiradores esperaban la salida de la actriz. De pronto me miraron con desprecio, preguntándose qué vendría de hacer en el interior. Como siempre, les bastaba mi aspecto para descalificarme, para escupirme a la cara mi diferencia.
El odio acumulado durante años me subió de golpe a la cabeza.
Entonces fue cuando usé mi plan.
Al cabo de unos segundos vi aparecer a Dora. Salía del teatro rodeada por los actores de la función mientras saludaba a los admiradores. Por supuesto, todos habían dejado de prestarme atención; estaban pendientes de la increíble belleza de la actriz.
Saqué la ballesta, cargué una flecha y apunté al rostro de Dora. Para cerciorarme de que yo sería lo último que vería en su vida, capté su interés mediante un grito:
—¡Dora! —gemí con todas mis fuerzas, disparándole a la cara tras ver que posaba sus ojos en los míos.
La actriz esquivó la flecha con un movimiento reflejo, y ésta fue a parar a la manga de la chaqueta de un compañero, donde quedó colgando como testigo de mi intento de homicidio. Al ver mi error intenté cargar otra flecha y atravesarme la cabeza de parte a parte, pero un montón de manos me impidieron poner fin a mi vida. Algo que, en realidad, era como si ya hubiese sucedido.
Para reconstruir la historia, pincha la etiqueta Fragmentos