sábado, 12 de julio de 2014

"Destinos marcados", mi artículo de hoy en Eldiario.es y El pajarito.es

Pescadores en Barbate (Cádiz)

El viernes 4 de julio terminó oficialmente el curso académico en Francia, y mi segundo año como docente de español en el país. En este curso recién acabado, ocupé dos plazas vacantes a tiempo parcial en dos centros de enseñanza secundaria situados a orillas del Étang de Thau, que es una albufera natural comunicada con el mar Mediterráneo y ubicada a treinta kilómetros de Montpellier. Uno era el collège de Mèze y, el otro, el lycée de Agde.

Las poblaciones que circundan el Étang de Thau se dedican principalmente a tres actividades económicas: el cultivo de marisco y la viña durante todo el año, y el turismo en temporada alta. Debido a la introducción masiva de maquinaria, la viticultura apenas crea puestos de trabajo en la zona, que tiene una de las tasas de desempleo más altas del país; pero el marisco y el turismo sí ocupan a un porcentaje considerable de la población.

Por un lado, las playas de Agde son uno de los principales destinos turísticos del sur de Francia y de los naturistas europeos. Toda una industria de campings, hoteles, restaurantes, centros de belleza y residencias de ancianos ha surgido al calor del dinero traído en su mayor parte por ciudadanos del norte de Francia y Europa, y esto ha tenido repercusión en la formación de los jóvenes locales: todas las secciones profesionales del lycée de Agde están dedicadas a la atención a ancianos, a los cuidados estéticos y la restauración, y es difícil encontrar en la zona un empleo que no esté relacionado con estas actividades.

La economía de Mèze, por su parte, se basa primordialmente en el cultivo de marisco. Sus ostras y mejillones, que se exportan a los cinco continentes, tienen fama de ser de los mejores del país, y mucha gente de toda Francia acude al pueblo con el único propósito de degustarlos. Las explotaciones de acuicultura, que normalmente pertenecen a empresas pequeñas y familiares, llevan traspasándose de padres a hijos desde hace varias décadas. De hecho, algunos de mis alumnos heredarán negocios por lo general bastante prósperos.

La crisis económica llega ahora a Francia en su versión habitual de aumento del desempleo y recortes a la ciudadanía. Sin embargo, la posibilidad de heredar un negocio sigue teniendo un efecto disuasorio en la capacidad de esfuerzo del alumnado, lo que degrada la calidad de la docencia: a los catorce años, cuando uno es muy vulnerable a las influencias externas, apetece imitar al compañero que no estudia porque tendrá la vida resuelta cuando abandone las aulas (igual que ocurría en España durante la época del ladrillazo, cuando los jóvenes dejaban los estudios por un salario sin necesitar una cualificación). Para el profesor es una obligación, entonces, hacer ver a los estudiantes que sólo valiéndose de su esfuerzo alcanzarán un trabajo digno.

Pero heredar un negocio también puede suponer una condena de por vida, y no son pocos los que están obligados a continuar la tradición familiar sin desearlo, o los que deciden seguirla por comodidad o por no decepcionar a sus padres. Como sabemos, un gran avance de la humanidad ha sido el poder optar a una profesión distinta —acaso menos dura, o mejor remunerada— que la de nuestros progenitores, e incluso el conocer varios oficios, a diferencia de lo que ocurría no hace tanto tiempo, cuando un hijo de campesino o de pescador moría a la fuerza siendo campesino o pescador, como aún sucede en la sociedad de castas de la India.

Dos de las ventajas que aún tiene Francia sobre España son, por tanto, que aquí no se considera una suerte tener empleo —como si el trabajo no fuera un derecho básico del ser humano—, y la posibilidad que uno tiene todavía de cambiar de profesión por voluntad propia y sin jugarse el futuro, algo que en nuestro país significa muy probablemente ir al paro sin ningún tipo de protección, ni posibilidad de volver a encontrar trabajo. El día que esto también ocurra en Francia, si llega, habremos retrocedido un gran paso, como en España.

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viernes, 6 de junio de 2014

"El voto rogado/robado", artículo sobre esta polémica modalidad de sufragio, en Eldiario.es y Elpajarito.es

Una de las cifras más escandalosas y silenciadas de estas elecciones europeas ha sido el altísimo porcentaje de ciudadanos españoles residentes en el extranjero que no pudieron votar en dichos comicios. De hecho, yo mismo formo parte del 96% de la población censada fuera de España —lo que significa más de un millón y medio de electores— a los que, por culpa del procedimiento del “voto rogado”, se les impidió o dificultó ejercer este derecho contemplado en el artículo 23 de nuestra Constitución.

El “voto rogado”, para quien lo desconozca, es una modalidad de sufragio destinada a los españoles residentes en el extranjero, que fue aprobada por el PP y el PSOE con el apoyo de CIU —pese a la iniciativa propuesta por IU de derogarlo— en enero de 2011. El cambio de procedimiento consiste en que los ciudadanos deben “rogar” el voto a las oficinas del Censo Electoral en España, pues, de no hacerlo, estas ya no envían las papeletas a los electores a sus países de residencia. La nueva modalidad conlleva además el cumplimiento de varios plazos, aunque la observación de los mismos no garantiza la posibilidad de votar. Como verán a continuación, hablo por experiencia propia.

En mi caso, yo llevaba cerca de un año inscrito en el Consulado de España de Montpellier cuando rogué mi voto, dentro del plazo. El siguiente paso era recibir las papeletas electorales, que debían llegarme desde España. Sin embargo, en una llamada desde la Oficina del Censo Electoral, me comunicaron que el Consulado aún no les había transmitido mi alta en el Censo de Residentes Ausentes, operación que los consulados están obligados a realizar cada mes, por lo que yo continuaba censado en España y no podría votar. El problema se repitió al día siguiente con mi pareja, y no pocos compañeros exiliados no pudieron votar porque las papeletas llegaron tarde o no llegaron.

A los numerosos trámites y plazos se ha unido la absoluta desinformación sobre el “voto rogado” en la que la administración ha mantenido a los ciudadanos, que hemos debido aleccionarnos sobre el proceso por nuestra cuenta. En Montpellier, que yo sepa, sólo el colectivo Marea Granate realizó actividades informativas sobre el procedimiento. Resultado: a la urna llegaron poco más de quinientos votos de los catorce mil españoles censados en la región.

Pasadas las elecciones, las protestas contra el procedimiento antidemocrático del “voto rogado” no se han hecho esperar. Entre otros, el colectivo Marea Granate inició una campaña en la que se invita a quienes no hayan podido votar a que envíen una queja por escrito a la Junta Electoral Central. La derogación del “voto rogado” es necesaria y urgente, por cuanto supone una sustitución del sufragio universal por el censitario. La única razón de su existencia es el temor de los dos partidos mayoritarios a que la nueva generación de exiliados no les apoye en las urnas.


Enlace a la página de Marea Granate: http://mareagranate.org/?p=1128

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lunes, 2 de junio de 2014

"La gente de la casta", nueva viñeta en Eldiario.es y Elpajarito.es

Dibujo: José David Morales; Idea y texto: Gonzalo Gómez
Esta es la viñeta humorística que hemos publicado hoy, basándonos en las últimas declaraciones del ex-presidente del Gobierno Felipe González, en Eldiario.es y en Elpajarito.es