sábado, 15 de noviembre de 2014

Crónica del debate sobre la situación de la mujer en España, en Elpajarito.es


“Las mujeres han sido las más perjudicadas por la crisis en España”

Exiliadas y activistas debatieron en Montpellier sobre la situación de la mujer en España en la conferencia “La situación de la mujer en España. ¿Y ahora qué”, organizada por la asociaciónOsez le feminisme de Montpellier, que no defraudó. Durante dos horas, las ponentes de Marea Granate-Montpellier, Izquierda Unida-Francia y Fond pour les femmes de la Méditerranée, expusieron la situación de la mujer en España durante la actual crisis económica, este pasado miércoles en la Salle Pétrarque de Montpellier. Las ponentes resaltaron la pérdida de derechos laborales y de poder adquisitivo de muchas mujeres, y celebraron la retirada del anteproyecto de ley del aborto del exministro Ruiz Gallardón.
Por parte de Marea Granate, colectivo de españoles exiliados por la crisis, intervino Irene Ortega, activista en Montpellier; Izquierda Unida-Francia estuvo representada por Natalia Ruiz-Poveda, coordinadora de la asamblea local de la formación de izquierdas; y Fond pour les femmes de la Méditerranée llevó a su presidenta, Marta Giral. Además, el militante por el feminismo David García realizó una introducción sobre la historia feminista de España, y Marjolaine Christien-Charrière, activista de Osez le feminisme, hizo de moderadora.
Una de las primeras cuestiones que se abordaron fue los avances legales concernientes a la mujer durante las dos últimas décadas. Marta Giral comentó “la importancia de la aprobación de leyes como la orgánica de protección contra la violencia de género, de 2004; la de igualdad de hombres y mujeres de 2007; o la del matrimonio homosexual de 2005, que no se aprobó en Francia hasta 2013”.
Giral también destacó el hecho de que, en 2013 hubiera “un cinco por ciento más de mujeres en el Parlamento y el Senado españoles que en Francia”, aunque lamentó que “con la crisis muchas mujeres tengan que seguir viviendo con maridos maltratadores”, o que, tras la supresión de la ley de la Dependencia, “algunas mujeres hayan debido dejar sus trabajos para cuidar a familiares dependientes”.

El impacto de la crisis

En cuanto al impacto de la crisis en las mujeres, Natalia Ruiz-Poveda habló de una primera fase de la crisis, en la que “el sector masculino fue el más perjudicado por afectar a sectores como la construcción o la industria”, si bien hubo una segunda fase en la que se produjeron muchos despidos, así como un empeoramiento de las condiciones laborales en sectores predominantemente femeninos como el comercio, el servicio doméstico o la ayuda a personas dependientes”.
Ruiz-Poveda denunció asimismo que el paro de larga duración en las mujeres sea un tres por ciento superior al de los hombres, y que “su pensión sea un treinta y ocho por ciento inferior al de la media masculina, debido a que las españolas son las que menos cotizan en Europa por la precariedad de los contratos”. Igualmente, resaltó el papel de Izquierda Unida “como intermediario entre el mundo político y las asociaciones feministas a través del Área de la Mujer, y la importancia del partido como instrumento para llevar propuestas concretas a las instituciones”.

Los movimientos feministas tras el 15-M

Irene Ortega centró su intervención en los movimientos feministas surgidos tras el 15M, en particular la Marea Violeta, nacida en 2012 para, principalmente, manifestarse en contra de la propuesta de Ruiz-Gallardón de reformar la ley del aborto de 1985, “cuya retirada ha sido un éxito del movimiento social”. La activista mencionó también la aparición de esta marea, “formada por defensoras de los derechos de las mujeres, y situada junto a otras mareas como la verde, la blanca o la granate”.
Según precisó Ortega, “la Marea Violeta está integrada por partidos políticos, asociaciones feministas, fundaciones o activistas que luchan contra la reducción del presupuesto destinado a políticas de igualdad o a las leyes de derechos reproductivos y sexuales, y contra el desmantelamiento de servicios públicos como los Institutos de la Mujer, Centros de Orientación u Hogares de Acogida a mujeres maltratadas”.
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lunes, 13 de octubre de 2014

"La mecha prenderá en Francia", artículo publicado en Eldiario.es y Elpajarito.es

 Violentos incidentes tras una manifestación de protesta por un derribo de Can Vies

Los agricultores que el pasado viernes 19 de septiembre incendiaron una oficina de impuestos en la Bretaña francesa, para protestar contra las subidas tributarias, han confirmado el tópico según el cual nuestros vecinos del norte son más contundentes que los españoles a la hora de sublevarse ante una injusticia.

Al día siguiente del incendio, el Primer Ministro francés, Manuel Valls, reprendió en televisión a los agricultores casi al tiempo que anunciaba nuevos recortes en su cruzada por rebajar el déficit. El objetivo es reducir 50 000 millones de euros de gasto público para cumplir con el máximo de deuda establecido por la Unión Europea.

Según Valls, el permiso de maternidad pasará de 36 a 18 meses y la prima por nacimiento decaerá sensiblemente a partir del segundo hijo. A esta mal llamada austeridad, pregonada en los medios como inevitable, se añaden recortes sigilosos en sanidad, educación y ciencia, que ya despiertan protestas entre los colectivos afectados.

A los españoles residentes en Francia no nos sorprenden estos recortes. De hecho, el parecido entre el gobierno galo y el español comienza a ser inquietante: ambos sancionan al sector público mientras protegen al especulador improductivo, permitiendo además el fraude fiscal a gran escala. Con los culpables de la recesión fuera de los focos, el inmigrante es considerado responsable del desastre. De ahí el irresistible ascenso del xenófobo Front National.

En este caos aparente hay, sin embargo, una lógica clara: tras Grecia, Portugal y España, Francia es la siguiente víctima en el proceso de saqueo del Estado del bienestar. La privatización de su sistema sanitario —considerado uno de los mejores del mundo— es un objetivo primordial para el capital financiero, por no hablar de tantos otros servicios públicos del “único país comunista que ha funcionado bien”, como alguien dijo en broma.

Lo que no miden los carroñeros bursátiles es la respuesta ciudadana —narcotizada con el consumismo, pero latente como la radioactividad— que podría despertarse si los franceses vieran seriamente amenazadas sus conquistas sociales. Por la importancia del país y su representatividad a nivel mundial, Francia debería ser el “No pasarán” de las políticas de la Troika, la línea roja donde cambie de paradigma el ultraliberalismo económico de la UE. No olvidemos la Revolución de 1789, la Comuna de París, mayo del 68, ni a los jóvenes marginados que en 2005 quemaron miles de automóviles en un estallido de cólera que hizo temblar el Elíseo de Sarkozy. Pero tampoco a los grupos antiislam que comienzan a formarse o a las pandillas ultraderechistas que recientemente asesinaron al activista Clément Meric.

Ese será el peligro de la rebelión que tarde o temprano habrá en Francia. Lo que muchos deseamos que sea un movimiento organizado, pacífico y eficiente, basado en los valores de la República, degeneraría en lo contrario de caer en manos de los xenófobos, y una nueva Toma de la Bastilla podría convertirse fácilmente en Noche de Cristales Rotos.

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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Crónica del debate acerca de la emigración, en la Fête de L'Humanité de París, en Eldiario.es

“Hoy emigra más gente en el sur de Europa que en la época de las dictaduras”

Miembros de partidos de izquierdas del sur de Europa debaten en París sobre la nueva emigración y la precariedad laboral en el continente.

“En Portugal emigran una media de 330 personas al día, lo que supone unas 10.000 al mes. Este éxodo, mayor que el producido durante la época colonial y la dictadura, es insostenible para un país de 10 millones de habitantes. Y no sólo se exilian los jóvenes: también hay personas de 50 ó 60 años, la mayoría de ellas sin formación, forzadas a abandonar el país para encontrar un empleo. Pero la competencia en los lugares de destino es alta, y ya hay portugueses durmiendo en las calles de Viena y Londres”, afirma Cristina Semblano, economista y miembro del Bloco de Esquerda, en su intervención en el debate 'La nouvelle émigration et la précarité en Europe', que se celebró el pasado sábado en la Fête de l’Humanité de París. Allí, miembros de varios partidos de izquierdas del sur de Europa denunciaron el exilio de miles de ciudadanos europeos a causa de la crisis y la política económica de la Unión Europea.
Alejo Beltrán, coordinador de Izquierda Unida-Francia, es un claro ejemplo de esta nueva emigración: él tuvo que dejar España hace cuatro años para buscar trabajo como fisioterapeuta en Francia. Los salarios y la duración de los contratos que tenía en nuestro país eran demasiado precarios como para poder gozar de estabilidad económica, lo que se debe, según él, a “un sistema económico que no funciona, así como a las medidas adoptadas por la Unión Europea desde hace años, que sólo velan por los intereses del capital y no de las personas”.
La emigración, no obstante, no garantiza hoy en día una buena situación económica. Los portugueses desamparados de Austria e Inglaterra no representan un caso tan excepcional entre los exiliados. En este sentido, el portavoz del partido alemán Die Linke describió las duras condiciones en las que viven muchos migrantes en Alemania, como el caso de “doce trabajadores que dormían por turnos en una habitación de ocho metros cuadrados y que cobraban cincuenta céntimos por hora trabajada en un matadero”, algo propiciado por el hecho de que en el país no exista salario mínimo establecido. Las estadísticas también son significativas: en Alemania hay 7’5 millones de “minijobs” con salarios máximos de 450 euros mensuales, y el 45% de los inmigrantes jubilados viven por debajo del umbral de la pobreza.
Necesidad de solidaridad y movilización de las bases
La crisis económica y el exilio han revivido en Europa conceptos que hasta hace poco parecían anticuados, como la solidaridad. Para Emmanuel, de la agrupación griega Syriza, “en estos momentos es imprescindible mantener una red solidaria para las personas en dificultad, sean migrantes o no”, y cita como ejemplo “las estructuras que existían antes de la crisis de la deuda para atender a los inmigrantes extracomunitarios, y que ahora ayudan a ciudadanos europeos”. “Es muy importante —subraya— que la solidaridad sea para todos porque, de lo contrario, no es solidaridad”.
Pero además de la solidaridad también será necesario un cambio político para mejorar la situación. Por este cambio abogaron todos los participantes en el debate, entre ellos dos militantes de Podemos-París, Maider y Manuel, quienes inciden en la importancia de “movilizar a la gente y responder a las demandas desatendidas por los principales partidos”. Para Maider, emigrante española en la capital francesa, “es inaceptable que el Estado español invierta 200.000 euros en formar a un médico para que este luego tenga que exiliarse”, y apela a la “implicación de todos los ciudadanos para expulsar a la casta que actualmente está en el poder”.
Por su parte María Almena, del movimiento ciudadano Marea Granate, que aglutina a españoles exiliados por todo el mundo, resalta “el potencial de las plataformas ciudadanas para movilizar a las personas y servir de nexo de unión con los partidos políticos, como ha ocurrido en la campaña de Marea Granate por el voto de los exiliados españoles en las últimas elecciones europeas”.
Pedagogía contra la xenofobia y el racismo
El fenómeno de la emigración suele conllevar un incremento del racismo y la xenofobia. Paradójicamente, el inmigrante extracomunitario es mirado con recelo en los países del sur de Europa, igual que el portugués o el español comienza a ser mal visto allá donde va a buscar trabajo. De ahí el auge electoral de partidos xenófobos como Amanecer Dorado en Grecia o el Frente Nacional de Le Pen en Francia. Para contrarrestar esta tendencia, Manuel insiste en la “necesidad de hacer pedagogía democrática sobre la emigración y crear una red de ayuda tanto para los emigrantes europeos como para los que llegan desde fuera de Europa, de modo que se respeten los derechos de todos”.
Para Emmanuel, de Syriza, es necesario acabar con la tendencia impuesta por la clase dominante de “dividir y clasificar a los ciudadanos según su lugar de origen”, ya que “el capitalismo necesita separar a los trabajadores y enfrentarlos entre sí para que no se rebelen contra las condiciones impuestas”.
A nivel comunitario, el portavoz de Die Linke aboga por la “apertura de las fronteras europeas y la supresión de la agencia Frontex”, y defiende el establecimiento de una “política humana con derechos iguales para todos y una Seguridad Social para todos”.
Lucha conjunta de países y deuda ilegítima
Según Sandro de Cecco, del partido italiano Refondazione Comunista, la movilización ciudadana y política no podrá hacer cambiar la situación actual si no se produce de forma coordinada y a escala supranacional. Para De Cecco, “es necesario establecer una unión entre los partidos de izquierdas de Europa, principalmente del sur, para poder ejercer suficiente influencia en la Unión Europea, pues los países pueden hacer poco por sí solos”.
En este sentido incide Alejo Beltrán, para quien “es necesario organizar un contrapoder en el que estén los partidos de izquierda europeos”, que asimismo “cuenten con las bases, porque el capital no nos dejará hacer nada si llegamos al poder y no tenemos con nosotros el apoyo de la ciudadanía”.
La deuda constituye, asimismo, un asunto clave para el cambio político. De hecho, el comienzo de la transformación puede venir, según varios de los ponentes, por “reconsiderar la deuda”, que, en palabras de Fabio Amato, Secretario del Partido de la Izquierda Europea, “se utiliza como arma ideológica para explotar a los trabajadores pese a que la austeridad no ha hecho más que aumentar la deuda de los países”. Si bien es cierto que hay diversidad de opiniones al respecto, Cristina Semblano, Miguel, Emmanuel y Alejo Beltrán lo tienen claro. Para ellos, se debería “anular una parte sustancial de la deuda, aquella que es ilegítima”.

sábado, 12 de julio de 2014

"Destinos marcados", mi artículo de hoy en Eldiario.es y El pajarito.es

Pescadores en Barbate (Cádiz)

El viernes 4 de julio terminó oficialmente el curso académico en Francia, y mi segundo año como docente de español en el país. En este curso recién acabado, ocupé dos plazas vacantes a tiempo parcial en dos centros de enseñanza secundaria situados a orillas del Étang de Thau, que es una albufera natural comunicada con el mar Mediterráneo y ubicada a treinta kilómetros de Montpellier. Uno era el collège de Mèze y, el otro, el lycée de Agde.

Las poblaciones que circundan el Étang de Thau se dedican principalmente a tres actividades económicas: el cultivo de marisco y la viña durante todo el año, y el turismo en temporada alta. Debido a la introducción masiva de maquinaria, la viticultura apenas crea puestos de trabajo en la zona, que tiene una de las tasas de desempleo más altas del país; pero el marisco y el turismo sí ocupan a un porcentaje considerable de la población.

Por un lado, las playas de Agde son uno de los principales destinos turísticos del sur de Francia y de los naturistas europeos. Toda una industria de campings, hoteles, restaurantes, centros de belleza y residencias de ancianos ha surgido al calor del dinero traído en su mayor parte por ciudadanos del norte de Francia y Europa, y esto ha tenido repercusión en la formación de los jóvenes locales: todas las secciones profesionales del lycée de Agde están dedicadas a la atención a ancianos, a los cuidados estéticos y la restauración, y es difícil encontrar en la zona un empleo que no esté relacionado con estas actividades.

La economía de Mèze, por su parte, se basa primordialmente en el cultivo de marisco. Sus ostras y mejillones, que se exportan a los cinco continentes, tienen fama de ser de los mejores del país, y mucha gente de toda Francia acude al pueblo con el único propósito de degustarlos. Las explotaciones de acuicultura, que normalmente pertenecen a empresas pequeñas y familiares, llevan traspasándose de padres a hijos desde hace varias décadas. De hecho, algunos de mis alumnos heredarán negocios por lo general bastante prósperos.

La crisis económica llega ahora a Francia en su versión habitual de aumento del desempleo y recortes a la ciudadanía. Sin embargo, la posibilidad de heredar un negocio sigue teniendo un efecto disuasorio en la capacidad de esfuerzo del alumnado, lo que degrada la calidad de la docencia: a los catorce años, cuando uno es muy vulnerable a las influencias externas, apetece imitar al compañero que no estudia porque tendrá la vida resuelta cuando abandone las aulas (igual que ocurría en España durante la época del ladrillazo, cuando los jóvenes dejaban los estudios por un salario sin necesitar una cualificación). Para el profesor es una obligación, entonces, hacer ver a los estudiantes que sólo valiéndose de su esfuerzo alcanzarán un trabajo digno.

Pero heredar un negocio también puede suponer una condena de por vida, y no son pocos los que están obligados a continuar la tradición familiar sin desearlo, o los que deciden seguirla por comodidad o por no decepcionar a sus padres. Como sabemos, un gran avance de la humanidad ha sido el poder optar a una profesión distinta —acaso menos dura, o mejor remunerada— que la de nuestros progenitores, e incluso el conocer varios oficios, a diferencia de lo que ocurría no hace tanto tiempo, cuando un hijo de campesino o de pescador moría a la fuerza siendo campesino o pescador, como aún sucede en la sociedad de castas de la India.

Dos de las ventajas que aún tiene Francia sobre España son, por tanto, que aquí no se considera una suerte tener empleo —como si el trabajo no fuera un derecho básico del ser humano—, y la posibilidad que uno tiene todavía de cambiar de profesión por voluntad propia y sin jugarse el futuro, algo que en nuestro país significa muy probablemente ir al paro sin ningún tipo de protección, ni posibilidad de volver a encontrar trabajo. El día que esto también ocurra en Francia, si llega, habremos retrocedido un gran paso, como en España.

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