sábado, 18 de abril de 2015

"Montpellier para bibliófilos", reportaje en La crónica del pajarito.es


Montpellier para bibliófilos

Librería Gibert Joseph, foto de Irene Ortega

Entre los pocos placeres que un emigrante puede permitirse en tiempos de crisis aún está, por suerte, la posibilidad de adquirir libros de segunda mano a buen precio en algunas librerías de Francia. Y es que la compra y la venta de libros de lance no es asunto baladí en el país vecino: raro es el mercado callejero, por pequeño que sea, que no tenga un puesto de bouquins, y pocas son las ciudades que no cuentan con alguna tienda centrada en este negocio editorial, que aún sigue siendo marginal en España.

De las librerías que venden libros usados una de mis favoritas es Gibert Joseph. Para quien no la conozca, aclararé que Gibert es una cadena de grandes establecimientos implantada en algunas de las más importantes ciudades galas, principalmente en aquellas que tienen universidad. Las sucursales suelen ocupar edificios céntricos, como las tres que hay en el Barrio Latino de París, y, aunque en ellas también encontremos películas, discos y artículos de papelería, se diferencian de otras empresas del ramo como, por ejemplo, FNAC, en que su actividad primordial no ha dejado de ser la venta de libros.

"Raro es el mercado callejero, por pequeño que sea, que no tenga un puesto de libros de lance"

La peculiaridad de Gibert es, como decía, que comercializa tanto libros nuevos como de ocasión, a los que distinguen con la pegatina amarilla característica que los volúmenes lucen en el lomo, y que pueden adquirirse a un precio reducido. Para ello, la librería adquiere ejemplares ya usados a cambio de dinero o de un vale de compra que sólo es utilizable dentro del establecimiento. Cualquier persona mayor de edad provista de documentación en regla puede vender sus libros en Gibert. De hecho, es habitual que los universitarios se desprendan de la bibliografía acumulada al final de sus estudios, o que las familias expurguen sus bibliotecas al hacer una mudanza, por lo que los fondos de la librería están en continua renovación.

Pero más interesante aún es, quizá, la evolución del precio de los libros usados, que, basado inicialmente en factores como el estado de conservación del ejemplar o el carácter más o menos novedoso de la obra, irá reduciéndose conforme avance el tiempo sin que aparezca un comprador. Como en una subasta a la inversa, un volumen pasará de costar, pongamos, siete euros, a valer cinco, tres, uno o veinte céntimos, el mínimo que se llega a pagar. La degradación también es física: de los estantes situados en las plantas superiores de la librería el ejemplar irá a parar a los cajones semiocultos que hay bajo las mesas de novedades y, finalmente, a los expositores de la calle.

Puestos de libros callejeros de Gibert Joseph, foto de Irene Ortega

Precisamente la posibilidad de comprar libros usados a buen precio en establecimientos como Gibert es uno de los principales atractivos de la ciudad de Montpellier, donde la cadena posee una sucursal de tres pisos que parece competir en actividad  con Sauramps, otra librería aún mayor ubicada a unos quinientos metros y considerada la segunda más grande del país tras Le Furet du Nord, en Lille. Aunque a decir verdad, las dos librerías más importantes de Montpellier no rivalizan, sino que se complementan: Sauramps no vende libros de segunda mano, pero organiza interesantes encuentros con escritores de renombre, algo que no hace Gibert
  
Las demás librerías del municipio, más pequeñas e independientes, pero muy bien surtidas (como, por ejemplo, Un jardin de livres, especializada en autores de habla hispana), terminan de satisfacer la demanda lectora de una ciudad que cuenta con 60.000 estudiantes universitarios y que, cada mes de mayo, acoge el festival de literatura La Comédie du Livre, uno de los más prestigiosos del Mediterráneo y cuya edición de 2015 protagonizarán España y Portugal.
 

Variedad de idiomas y ediciones

La heterogeneidad de la población de Montpellier (formada en buena medida por los universitarios venidos de los cinco continentes, por las olas migratorias llegadas desde el sur de Europa, el África Subsahariana y el Magreb, y por los estudiantes anglosajones, nórdicos y centroeuropeos que acuden cada año a la ciudad para aprender francés), contribuye a que la diversidad de idiomas de los libros usados que podemos comprar en establecimientos como Gibert, entre otros, sea más que estimable: aparte de la lógica mayoría francófona es frecuente encontrar títulos en inglés, español, alemán, ruso o italiano, y hasta existe una librería como Le BookShop, situada en el sótano de un edificio renacentista, en el laberíntico casco histórico, que sólo comercializa obras en lengua inglesa y que también posee un abundante fondo de lance.

Le BookShop, foto de Irene Ortega

Igual variedad suelen presentar las ediciones disponibles de un mismo texto, en su mayoría de obras clásicas (a menudo se trata de ediciones bastante recientes), hasta el punto que a veces resulta difícil escoger: ¿será mejor comprar la edición de Madame Bovary de Gallimard, que tiene un estudio introductorio y letra grande pero mal papel, o la de Flammarion, que cuenta con buen papel y mejores anotaciones pero posee una tipografía minúscula? ¿O será mejor esta otra de Grasset, que tiene una cubierta atractiva, un glosario y un papel ahuesado más resistente al paso del tiempo? 
"Es frecuente hallar títulos en inglés, español, alemán, ruso o italiano"
En este contexto, comparar la situación del negocio del libro usado en Francia y España es casi inevitable. Pese a la dificultad existente de encontrar datos fiables sobre este sector (las cifras de ventas de los libros de lance no aparecen en el Anuario de Estadísticas de 2014 del Ministerio de Cultura), se observa que, al margen de internet, la actividad en nuestro país ha quedado reducida a las ferias itinerantes, cada vez más decaídas, a unos cuantos establecimientos que apenas sobreviven y a algún mercado como el de Sant Antoni, en Barcelona, que, hay que reconocerlo, ha perdido interés.
  
¿A qué se deberá este descenso en la compra de libros de ocasión en España, mientras que en Francia, país menos afectado por la crisis, el negocio no ha dejado de aumentar, y cuatro de cada diez libros adquiridos son ya usados?  

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jueves, 26 de marzo de 2015

Crónica "Marchas de la Dignidad 2015" en Montpellier, en Eldiario.es

Las Marchas de la Dignidad también llegaron hasta Francia

El colectivo de emigrantes españoles “Marea Granate” de Montpellier volvió a tomar las calles para exigir “Pan, Trabajo, Techo y Dignidad”.


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jueves, 19 de marzo de 2015

"Por una Emigración Digna", mi artículo de hoy en "La Opinión de Murcia"

La gran emigración que se está produciendo hoy en día desde España hacia otros países del mundo, principalmente del norte de Europa, es un hecho incontestable. Tanto es así que los partidos políticos —PP y PSOE fundamentalmente— que hasta hace pocos meses negaban esta evidencia, o le restaban importancia, se apresuran ahora a dedicarle un lugar privilegiado en sus campañas electorales.

Pero la emigración no es un asunto que pueda abordarse fácilmente desde un despacho, ni para el que puedan improvisarse unas cuantas soluciones —o mejor dicho, anteproyectos de solución— a fin de arañar votos. Al contrario: para saber de veras de qué se trata, uno tiene que haber probado el trago amargo del exilio económico así como la incertidumbre y las dificultades que este trance conlleva.

Por ello, desde Izquierda Unida-Francia y con la experiencia que nos proporciona nuestra condición de emigrantes, defendemos la campaña llamada “Emigración Digna”. En ella exponemos una serie de propuestas destinadas a mejorar la situación que atraviesan las personas que han tenido —y que aún tienen y tendrán— que abandonar nuestro país en busca de una vida digna.

Nuestra primera propuesta es la derogación del “Voto rogado” —procedimiento aprobado en 2011 por el PP y el PSOE con el apoyo de CIU—, que en las pasadas elecciones europeas obstaculizó o impidió el ejercicio del voto a cerca de un millón y medio de españoles residentes en el extranjero. El “Voto rogado” es, por tanto, una clara violación del artículo 23 de la Constitución Española.

Entre otras medidas relativas al voto, proponemos también la ampliación de los plazos de inscripción en los censos de los consulados y la implantación de un sistema de votación electrónica mediante el certificado digital, como ya utilizan otros países europeos como Bélgica o Estonia.

En tercer lugar, nos posicionamos a favor de la creación de una circunscripción electoral en el exterior, que serviría para que los millones de españoles que residen en el extranjero tuvieran su correspondiente peso político en nuestro sistema electoral. En la actualidad, la representación del voto emigrante es proporcionalmente muy inferior a la que debería tener, y se estima que, si se contabilizase justamente, el voto emigrante podría decidir los resultados de unas elecciones generales.

Igualmente consideramos el derecho de los emigrantes a regresar a España en unas condiciones dignas. Para tal fin proponemos la creación de un “Plan de Retorno” que contenga políticas específicas de empleo, ayudas para el alquiler y la adquisición de la primera vivienda, además de la consideración de la experiencia y de los méritos adquiridos en la actividad laboral desarrollada en el extranjero.

En el plano sanitario defendemos asimismo que los emigrantes tengan asegurada la asistencia médica gratuita hasta que adquieran los derechos similares en los países de destino. De este modo se evitarían las trabas administrativas que sufren muchos emigrantes en el proceso de establecimiento en los países de acogida, y podrían tratarse con mayor rapidez los problemas urgentes de salud.

Finalmente, a nivel autonómico y/o municipal proponemos la apertura de una “Oficina de la Emigración”, en la que se asesore a los emigrantes sobre las condiciones de vida y de trabajo en los países de destino, y donde se agilicen trámites y se gestionen planes de asistencia familiar.

A estas medidas hay que añadir el trabajo que realizamos con movimientos sociales como la “Marea Granate” o con asociaciones como la FACEEF. No en vano, parte de los militantes de IU-Francia llevan más de medio siglo defendiendo los derechos de los emigrantes españoles en este país.

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sábado, 21 de febrero de 2015

"Escritores o diletantes", mi artículo de hoy en el diario "La crónica"


El mayor escritor africano en lengua española, el ecuatoguineano residente en Murcia Donato Ndongo-Bidyogo, que durante décadas ha luchado desde su exilio en España contra las dictaduras de Francisco Macías y Teodoro Obiang, establece una diferencia entre los escritores que cuentan historias sólo para entretener y los que, además de narrar cuentos, tienen la sensibilidad de mirar a su alrededor y denunciar las injusticias que observan. Ndongo-Bidyogo únicamente atribuye a estos últimos la categoría de artistas y califica a los primeros de simples diletantes.

En la región de Murcia se alaba el éxito de numerosos escritores locales que publican en prestigiosas editoriales y que gozan del favor de los lectores y de los medios de comunicación. Esta atención mediática coincide en el tiempo con la mayor crisis socioeconómica que nuestra comunidad autónoma ha sufrido durante el último medio siglo, y que desde 2008 ha tenido entre otras consecuencias los desahucios de muchas familias, la emigración forzosa de miles de ciudadanos y, según informes recientes, la pobreza para 500 000 murcianos, un tercio de la población regional. Son datos que nadie desconoce y que solo los más cínicos se atreven a desmentir.

Sin embargo, ningún escritor de este ilustre grupo —salvo alguna honrosa excepción, como es el caso, por ejemplo, de Lola López Mondéjar— ha alzado la voz para protestar contra esta imparable degradación. No los hemos visto sumarse a ninguna de las plataformas o movimientos que intentan mejorar la desastrosa situación social, ni denunciar a título individual la corrupción que pudre buena parte de la política regional.

En tiempos en que la libertad de expresión se defiende de forma unánime resulta doblemente llamativo este silencio. En otros momentos de nuestra historia los intelectuales que criticaban al poder eran censurados, se exponían al exilio o a acabar en prisión, pero hoy ni siquiera ven peligrar sus empleos, pues la mayoría de los escritores murcianos afamados son funcionarios.

Podría pensarse para justificar su actitud que temen perder el favor de la Administración, sin embargo, la política cultural en Murcia es casi inexistente: la Editora Regional prácticamente no publica desde hace años, apenas se celebran actos de verdadera relevancia, y ya no hay ni Feria del Libro. Entonces —me pregunto—, ¿por qué no denuncian los escritores las injusticias que ven a diario?

Las respuestas a esta pregunta quizá sean dos: por una parte, el concepto de la literatura y de la cultura entendidas como simple entretenimiento, negocio o acto de farándula de sociedad que se impuso en España desde los años ochenta; y por otra, el amiguismo que tradicionalmente ha habido en nuestra región entre escritores y responsables de la Administración, lo que ha acallado las pocas voces contestatarias que hayan podido surgir.

Por ello, una de las tareas a realizar por los jóvenes escritores de Murcia será la de recuperar el papel crítico que a la literatura le corresponde en cualquier sociedad, así como mantener la independencia respecto a los poderes establecidos, sobre todo cuando estos incurran en abusos y corruptelas, como ocurre en la actualidad.

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