domingo 28 de junio de 2009

Crítica de "Tengo una pistola", de Enrique Rubio


Genes, letras y bytes

“Tengo una pistola”. Enrique Rubio. Booket. 414 páginas / 9 euros

A la ya larga lista de autores murcianos que han conseguido trascender las fronteras literarias de la región se une ahora Enrique Rubio (Murcia, 1978), quien con la publicación de su primera novela, Tengo una pistola, ha logrado situarse en la vanguardia de los jóvenes escritores españoles. La extremada originalidad de esta obra reside, en primer lugar, en el apartado temático, pues pocas novelas se han escrito en nuestro país que hagan de la genética, la psicología y la tecnología 2.0 su planteamiento central. Por otra parte, el uso del chat y el correo electrónico, las descargas de Internet y los capítulos en los que el protagonista participa en un videojuego son aspectos novedosos en el terreno literario, además de elementos que se imbrican pertinentemente en ese universo virtual habitado por el héroe (o más bien anti-héroe), el cual, tras diez años encerrado en casa, duerme abrazado a su ratón óptico y sólo se comunica con el mundo a través de la Red.

Tengo una pistola está escrita con un estilo rápido, preciso, apropiado para la materia tratada y, al contrario de lo que algunos apocalípticos podrían pensar de antemano, su autor maneja extraordinariamente el idioma en distintos registros, como lo demuestran los frecuentes diálogos que salpican la novela. En este apartado destacan los capítulos del psicólogo —verdaderas conversaciones-ensayo de desternillante humor negro y demoledora lucidez—, en los que se analizan los más diversos aspectos de la sociedad contemporánea. Así pues, a través de los extraños y solitarios personajes que el protagonista va encontrando por el ciberespacio, Enrique Rubio construye una concepción del mundo personalísima y no exenta de ternura, basada principalmente en una visión peculiar del amor, el sexo y la reproducción, e influida por películas como Matrix, la teoría de redes, los videojuegos y otros elementos de la cultura posmoderna y popular.

Enrique Rubio ha arriesgado mucho en su primera incursión en el mundo editorial. Su carácter innovador (que quizá le cierre de entrada algunas puertas) será junto a su calidad lo que cause la aparición de imitadores. Porque Tengo una pistola probablemente creará escuela entre los novelistas más jóvenes: aquellos nacidos en plena era digital.

Publicado en el semanario cultural Ababol de La Verdad de Murcia el 27-VI-09

sábado 27 de junio de 2009

Reseña de Rubén Castillo Gallego sobre "El armario de Abdou"


El escritor, profesor y crítico literario Rubén Castillo Gallego le dedicó hace unos días una reseña a El armario de Abdou en su blog Mis libros, espacio en el que este autor comenta semanalmente todo tipo de obras literarias. Copio y pego su crítica. Como se puede apreciar, se trata de un texto generoso y muy bien escrito:

"Caigan las bendiciones de Alá sobre la persona que esté encargándose de decidir qué libros entran a formar parte del catálogo de La Biblioteca del Tranvía, de la editorial murciana Tres Fronteras. Y háganlo porque está demostrando una finísima capacidad para elegir textos de gran belleza y que respetan fielmente el espíritu de la colección: poner en las manos de los lectores unos volúmenes de pequeño formato, que oscilen entre las 30 y las 70 páginas, y que resulten amenos, elegantes y representativos de la literatura más ágil de nuestra Región. Una de las nuevas propuestas que nos lanzan es El armario de Abdou, de Gonzalo Gómez Montoro, siete relatos muy conseguidos con los que el público podrá familiarizarse con el estilo narrativo de un autor premiado y joven, amante de la buena prosa, “los viajes, las bibliotecas públicas, Internet y el café” (según nos dice en la contraportada).
Los lectores que se sumerjan en esta laguna de cuentos se encontrarán con Abdou, un pobre trabajador inmigrante que encuentra en la basura un maravilloso armario, con el que quiere obsequiar a su hija con motivo de su cumpleaños; luego les será presentada una vieja gloria del fútbol que, retirado y cincuentón, ha malvivido como taxista hasta que le llega una llamada de su antiguo club para tributarle un homenaje; más adelante, un viudo que se ve atosigado por unas sombras que lo acechan por la calle; y un hombre que no atina a encontrar aparcamiento, mientras le explota la vejiga; y el señor que se baja de un tren para encontrarse en el andén con una profesora; y el hijo de un empleado del Instituto Nacional de Previsión, que reniega de su calculado futuro funcionarial y que prefiere convertirse en el chófer de una misteriosa anciana del pueblo...

Personajes, situaciones e historias de gran sencillez, donde el humor, la tristeza, la melancolía y también la reflexión son presentadas con una prosa de limpieza poco frecuente. Hace apenas unos días, el autor comentaba en una página de Internet donde habitualmente escribe (www.aguasdeceniza.blogspot.com) que le habían concedido un accésit en un concurso literario de Albacete. Y cruzaba los dedos para pedir que siguiera la racha. Viendo la enorme calidad de sus cuentos, el lector comprende que no se trata de una simple racha, sino de justicia. Gonzalo Gómez Montoro tiene madera, y El armario de Abdou es su última demostración editorial".

viernes 26 de junio de 2009

Portada de la "Antología de la novísima narrativa breve hispanoamericana"


Hace unos días nos comunicaron a los seleccionados que la Antología de la novísima narrativa breve hispanoamericana 2008, publicada por Grijalbo-Random House Mondadori, estaba a punto de ser impresa y distribuida por todos los países de habla hispana. En un principio se estimó que aparecería durante el mes de mayo, como se puede apreciar en la imagen. Cuando la reciba (se supone que en breve), haré un análisis de los cuentos antologados. Por lo pronto, aquí cuelgo la portada de la publicación.

viernes 19 de junio de 2009

Análisis de "Tengo una pistola", de Enrique Rubio


Tengo una pistola es, sin duda, el libro más impactante y original que he leído en mucho tiempo. La singularidad de esta obra reside, en primer lugar, en los temas que aborda: psicología, genética y, sobre todo, la tecnología 2.0. Es cierto que ya se han escrito novelas centradas en la psicología de los personajes y que ahora comienzan a proliferar las que utilizan los últimos avances informáticos en el desarrollo de la trama (véase la serie Millennium o Muerte entre poetas, ésta última reseñada en este blog), pero que yo sepa muy pocas se han escrito que conviertan a la propia tecnología (y a la genética) en verdaderas protagonistas de la narración.

Así pues, el personaje principal de Tengo una pistola es un joven de veinticinco años, webmaster de páginas porno, que lleva diez años sin salir de casa. Este “hikkikomori”, por usar la palabra utilizada para describir estos casos extremos, vive solo, pasa la mayor parte del día descargando películas y música que —él mismo lo reconoce— nunca llegará a ver u oír, duerme abrazado a su ratón óptico y únicamente se comunica con el mundo a través de Internet, a excepción del psicólogo que acude a su casa e intenta sin éxito hacerle salir. Atrincherado en su apartamento, se hace traer la comida a casa y, para no hablar ni ver al repartidor, emplea una grabadora para dar a conocer su lista de la compra. En los chats que frecuenta (gran parte de la obra se desarrolla en forma de chat) se apoda “Cascaradenuez”, seudónimo que mantiene a lo largo de toda la obra y que remite a los famosos versos del parlamento hamletiano: “podría encerrarme en una cáscara de nuez y sentirme rey del espacio infinito”. Curiosamente, cuatrocientos años después de la obra de Shakespeare, el protagonista de esta novela se encierra en su ordenador personal y se siente rey de ese espacio infinito, virtual y real al mismo tiempo que representa Internet.

El embrión de la obra es el relato del mismo título con el que Rubio ganó el certamen universitario nacional Booket 2007, certamen en el que yo mismo fui finalista con una historia titulada “El regreso” (ambos relatos aparecieron en el volumen "Tiempo de relatos", publicado por Booket. Dos años después, Enrique Rubio ha desarrollado al máximo el potencial que contenía aquel cuento, creando un universo coherente, personal y poético durante las cuatrocientas páginas del volumen. No obstante, el escritor madrileño Lorenzo Silva, a la sazón miembro del jurado del premio, dice en el prólogo a la novela: “Nos encontramos ante un escritor con un mundo, una mirada y una voz propios. Su mundo es, por derecho de nacimiento y también de conquista, el de este complejo y perplejo siglo XXI.”


Como decíamos antes, la genética es otro de los pilares fundamentales de la obra. La visión que de la reproducción, el sexo y el amor tienen los personajes es extraordinariamente peculiar y no menos original que los aspectos mencionados con anterioridad. En este sentido destacan, por encima de la meritoria documentación científica realizada por el autor, la ciberrelación de Cascaradenuez con Aénima, el misterioso apóstol que recluta al protagonista en su cruzada contra Generatriz, el programa genético causante de la excitación sexual y la consiguiente reproducción humana; y, ya en la segunda parte, la historia amorosa de Cascaradenuez con la Cajera, que supone el contrapeso de humor y ternura al tono más apocalíptico y sombrío de la primera mitad. Tampoco podemos pasar por alto esa especie de religión o anti-religión creada por el ingenioso Aénima, con salmos y mandamientos incluidos en formato Word. Un apunte curioso: en los episodios de la conversión de Cascaradenuez en Elegido y en el planteamiento de la obra como una visión completa y particular del mundo, entre otros muchos aspectos, Tengo una pistola recuerda a ciertos momentos de la fabulosa Escuela de mandarines de Miguel Espinosa.

Precisamente el humor es otro de los rasgos más destacados de Tengo una pistola. Está presente en la mayoría de los capítulos y, sobre todo, en las conversaciones con el psicólogo, que, pese a su relativa brevedad, constituyen hilarantes y agudísimos mini-ensayos sobre aspectos muy diversos de la sociedad contemporánea. Algunos de estos diálogos (junto a las conversaciones por el chat con Aénima y Ciria) constituyen a mi juicio los puntos cimeros de la novela. De hecho, las reflexiones de Cascaradenuez —tan inteligentes como políticamente incorrectas— provocan la carcajada del lector a cada momento, lo mismo da que hablen de las psicopatologías tratadas por el psicólogo que de los gimnasios y los obsesos del culturismo. En este aspecto tampoco podríamos dejar de citar las constantes estadísticas (no sabemos si reales o inventadas, aunque esto poco importa) que Cascaradenuez inserta después de sus pensamientos, pues crean un contraste realmente desternillante.

Los elementos originales de Tengo una pistola no se agotan con lo anterior. La inserción de capítulos en los que el protagonista participa en un videojuego no solamente es algo novedoso, sino que además contribuye a crear esa atmósfera de virtualidad en la que desenvuelve la existencia de Cascaradenuez. En las sucesivas fases del videojuego el protagonista avanzará por las calles de un Nueva York poblado de zombies, se verá obligado a cumplir diversas misiones y tendrá extraños e inquietantes encuentros con antiguos profesores y compañeros de colegio. La alternancia de estos capítulos con la trama central producen una mayor agilidad en la lectura, a lo que también contribuye el estilo del libro, veloz y preciso como un click de ratón. En este apartado reside otro de los logros de la novela. Las metáforas tecnológicas y actuales son abundantes y el vocabulario es francamente rico, amén de los variados registros que presentan los frecuentes diálogos, casi todos ellos muy conseguidos.

En definitiva, Tengo una pistola es una novela rompedora que por su carácter innovador posiblemente encontrará reacciones contrarias en una parte de la crítica literaria (esperemos que no sea así). Con todo, la obra supone el paso al frente de un joven escritor que ha conseguido situarse de golpe a la vanguardia de la novela española, tanto en la forma como, y esto es todavía más difícil, en el fondo de su narración. Enrique Rubio ha arriesgado mucho al escribir la que es su primera novela (cosa que no parece, por otro lado), y que dentro de bien poco supondrá una enorme influencia para las nuevas generaciones de lectores, todos ellos nativos digitales.

Enrique Rubio Palazón nació en Murcia en 1978. Diplomado en Psicología, es un gran aficionado a la ciencia, la música y la literatura. Como escritor ha sido premiado en: el Certamen Creación Joven Ciudad de Almería (2005), el Certamen CreaJoven de Murcia de narrativa (2006), el IV Certamen Universitario de Relato Corto de Jóvenes Talentos de Booket (2007) y el Premio Injuve para la Creación Joven de narrativa (2008).

viernes 5 de junio de 2009

Reseña de "El armario de Abdou" en La Opinión de Murcia

Esta mañana me he llevado una gran alegría. Me han llamado para decirme que Ramón Jiménez Madrid, el crítico literario de La Opinión de Murcia, le había dedicado en el periódico de hoy una reseña a El armario de Abdou, mi único libro hasta la fecha. Con el aluvión de títulos que cada semana se ciernen sobre las librerías es muy de agradecer que alguien le dedique un poco de su tiempo a leer tu libro. En la página salen las reseñas de los otros números que aparecieron al mismo tiempo en La Biblioteca del Tranvía, es decir, Negro sobre fondo azul, de José María Jiménez; y Las guapas deberían morir, de Julia R. Robles.
Me ha gustado lo que escribe Ramón Jiménez, y más teniendo en cuenta que es un crítico con mucha experiencia y bastante exigente (como debe ser, por otra parte). Sobre todo, aprecio que diga que los cuentos son "muy directos", y que en ellos "entra a saco la vida misma". Desde luego, ha sabido captar lo que intenté reflejar en estos relatos extraídos en su mayoría de experiencias cotidianas. La parte de arena (la de cal acabo de decirla) viene en esos "finales que se adivinan por anticipado". En fin, no podía ser todo tan positivo.

Presentación de "Ojos de fuego", de Antonio Parra Sanz

Ayer, a las 8 de la tarde, asistí en el Museo de Bellas Artes de Murcia a la presentación de la novela de Antonio Parra Sanz (Madrid, 1965) Ojos de fuego, publicada por la editorial Tres Fronteras en su colección de narrativa. La presentación ha corrido a cargo de José Antonio Bascuña, editor de Tres Fronteras; Luis Leante, ganador del Premio Alfaguara 2007 y el autor del libro, quien aparece en las imágenes sentado en el centro de la mesa. La novela, de género negro, está ambientada en Madrid, y supone, en palabras del autor, el inicio de una saga protagonizada por el detective Sergio Gomes, un anti-héroe en la línea de los mejores escritores hard boiled: Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Jim Thompson, etc. Más abajo reproduzco la cubierta de la edición, que, como se puede apreciar, cuenta con un diseño extraordinario que ha sabido captar muy bien la atmósfera de novela negra.


sábado 30 de mayo de 2009

Reseña de "Otra vez Ofelia", de Ofelia Sequeros


Primavera eterna

“Otra vez Ofelia”. Ofelia Sequeros. Imprenta San Miguel. 92 páginas / Edición no venal.

Si observamos detenidamente las influencias del último libro de la alicantina Ofelia Sequeros, enseguida apreciaremos que Otra vez Ofelia se nutre de fuentes insignes de la poesía en lengua castellana y de la cultura occidental. Ya en la primera parte, composiciones como "No importa el tiempo" o "Como la alondra" reflejan el influjo del modernismo más profundo, representado en el Rubén Darío de los Cantos de vida y esperanza. Más adelante, será el espíritu elegíaco de los clásicos grecolatinos y de contemporáneos como Brines o Sánchez Rosillo el que recorra los versos que cantan a la juventud perdida y al amado desaparecido en los hermosos poemas "Secreto", "Horizonte azul" y "Mi casa en el recuerdo". A éstos, a su vez, le sucederán en el tramo final las influencias culturalistas de Kavafis y Florencia, los machadianos "El tren" y "Canto al Duero" o el poema metafísico "Soy río", deudor de la filosofía de Heráclito y de las Coplas de Jorge Manrique.

Al igual que sucede con la variedad temática de la obra (amor, soledad, paso del tiempo, muerte y otros temas eternos), desde los primeros versos queda patente la versatilidad estrófica de Ofelia Sequeros, quien combina con maestría formas tradicionales como el soneto con el verso libre, consiguiendo que el ritmo intenso de las composiciones iniciales se mantenga a lo largo de todo el volumen. Por otro lado, las numerosas metáforas —influidas por la imaginería del 27— destacan por su sencillez y autenticidad, y hablan con ternura y emoción de las estaciones del año, de las flores, los sentimientos y los objetos cotidianos, dejándolos revestidos de poesía elemental a la manera de las odas nerudianas. Otra vez Ofelia es, pues, un libro sincero y trabajado que no viene sino a confirmar el alma y la sensibilidad de poeta de su autora. Ya lo dijo José Hierro al comienzo de su Quinta del 42: “Como todas las cosas / que hablan hondo, será / tu palabra sencilla.”
Publicado en el Semanario cultural Ababol de La Verdad de Murcia el 30-V-09