jueves, 11 de junio de 2015

"Viaje a Béziers, capital de la ultraderecha en Francia", reportaje publicado en "El Confidencial.com"

Foto: Imagen del casco histórico de Béziers, ciudad gobernada por la extrema derecha (Foto: Irene Ortega).


Con 75.000 habitantes, Béziers es la mayor población francesa gobernada por la extrema derecha. Un tercio de ellos son pobres. Mientras, el alcalde de la capital de una comarca que fue la mayor productora mundial de vino, posee un censo étnico: “Los inmigrantes africanos están sustituyendo a los franceses blancos”. Desempleo, pobreza, inmigración e inseguridad son los factores que, según los sociólogos, auparon a la extrema derecha a varias alcaldías en las elecciones municipales de 2014. Este es el relato de un viaje a su plaza fuerte.

Para leer el reportaje:  
Viaje a Béziers, la capital de la ultraderecha en Francia. Noticias de Mundo  http://goo.gl/Jqwy0S

viernes, 15 de mayo de 2015

"La televisión ilustrada", artículo publicado hoy en "La crónica" y "El diario.es"

Ayer por la mañana viajé a Ereván, en Armenia. En mi breve estancia en la ciudad, visité una exposición fotográfica sobre el genocidio de este pueblo a manos turcas, y, paseando por sus calles, aprendí muchas cosas de la época en que formó parte de la URSS. Por la tarde me desplacé a la Isla de la Reunión: en unas pocas horas conocí parte de la historia y de la cultura de este lejano territorio de Francia, y entré en los hogares de varios de sus habitantes, que me invitaron a beber té y me explicaron cómo era su vida diaria mejor que cualquier guía. Por la noche ya estaba algo cansado, así que volví a Europa, y me quedé observando a un artesano de los Alpes que fabricaba zuecos. Todo gratis y sin salir de casa gracias a la televisión pública francesa.

En efecto, programas como Echappées belles o Fourchette et sac à dos, a los que me refiero veladamente en el párrafo anterior, tienen la virtud de convertir al telespectador sedentario de nuestros días en una especie de viajero de la época romántica, más que en un simple turista. Ya sea para mostrarnos las profundidades acuáticas del planeta, como hace Thalassa, otro de mis programas favoritos, o el duro camino a la escuela que recorren muchos niños desfavorecidos del mundo, como vemos en Les chemins de l’école, los reportajes de producción propia que emiten las cadenas France 2, 3 y 5 están concebidos con el espíritu humanista de la Ilustración, y con el mismo afán por divulgar las costumbres de otros países que por desmontar nuestros prejuicios sobre ellos.

"La televisión pública francesa nos ha devuelto el placer de disfrutar de este medio de comunicación"

Estos programas suelen prestar además una atención especial a los oficios manuales. En una sociedad tan fascinada por los trabajos etéreos —y a menudo inútiles: especulador, modelo, financiero, etc.— como es la occidental, los documentales de Les Carnets de Julie —en los que se visita a los más variados artesanos de Francia— dignifican por igual al mejor viticultor de Burdeos que al más humilde tonelero de la Auvernia. De este modo apreciamos también algunas de las grandes conquistas sociales del país, como es el haber conseguido, por ejemplo, que un menestral pueda ser tan refinado y preciso al hablar como una persona instruida, o que el trabajo manual bien hecho sea reconocido pública y económicamente al mismo nivel que el intelectual.

Por estos motivos, los españoles que nos aburrimos con el fútbol, las series y los reality shows, o con la última moda de los concursos de cocina, y que apenas sintonizamos la televisión española más allá de los informativos y programas como Salvados, le debemos a la televisión pública francesa el habernos devuelto en los últimos años el placer de disfrutar de este medio de comunicación masivo.

Igualmente, las cadenas antes mencionadas demuestran que, lejos de ser una utopía, como parece pensarse en nuestro país, tener una televisión digna es posible, y que, además de servir como un medio público de carácter educativo, informativo y de entretenimiento, puede tener muchos espectadores en horarios de máxima audiencia.

Para leer el artículo en La Crónica, pincha AQUÍ

jueves, 7 de mayo de 2015

"El armario de Abdou" en el club de lectura de la Biblioteca "Salvador García Aguilar"





         ¿Qué supuso para mí publicar "El armario de Abdou"?
En “El armario de Abdou”, que hoy comenta este club de lectura, hice una selección con los siete mejores cuentos (o con los menos malos) de los muchos que escribí entre los 22 y los 26 años, y en los que, como se podrá apreciar, hay una clara influencia de escritores como Manuel Rivas o Manuel Vicent, o de los cuentistas españoles de posguerra como Ignacio Aldecoa, Miguel Delibes o Jesús Fernández Santos, que siempre han sido algunos de mis autores favoritos de relato corto.

Esta primera experiencia editorial supuso para mí un gran aprendizaje como escritor. En primer lugar, descubrí que la literatura y el mundillo literario no son la misma cosa, y que a veces son incluso la contraria. También aprendí que la literatura no debería entenderse como una carrera orientada hacia el éxito social, ni tampoco hacia el triunfo económico, y que, por tanto, un libro sólo debería publicarse por razones estrictamente literarias, y siempre y cuando el autor, al escribirlo, se haya exigido el máximo a sí mismo (dos condiciones que a menudo se incumplen en nuestro más que saturado mundo editorial). Yo intento ser coherente con mis palabras y, desde la aparición de este librito, no he vuelto a publicar otro como autor, pese a que desde entonces estoy trabajando en una nueva colección de cuentos.

La publicación de “El armario de Abdou” también supuso para mí otra lección importante: la de no prestar demasiada atención a las modas literarias, que tanta influencia tienen en España. Y lo digo por una anécdota significativa: en el año 2009, cuando se publicó “El armario de Abdou”, los escritores de mi edad seguían la omnipresente moda de la llamada “Generación Nocilla”, que les incitaba a ambientar sus historias, deshumanizadas y escapistas, en lugares remotos de Estados Unidos o de Siberia, o a escribir poemas sobre fórmulas matemáticas o teorías físicas. En resumidas cuentas, estos autores huían de cualquier tema relacionado con nuestros problemas de la realidad más cercana.

Yo, más provinciano y menos moderno y cool que ellos, escribía, por ejemplo, sobre los inmigrantes africanos que rebuscaban en los cubos de basura de mi barrio, sobre un exfutbolista arruinado y olvidado, o sobre las obsesiones de un anciano viudo, solitario y triste, como podía ser mi vecino Juan. Tan sólo seis años después de publicarse el libro, resulta que el inmigrante soy yo, que los españoles somos los que buscamos entre las basuras de Londres, Berlín o Montpellier para amueblar nuestros apartamentos, y poca gente se acuerda ya de la “Generación Nocilla”.

Para no extenderme demasiado, añadiría una sola apreciación: “El armario de Abdou” constituye, modestamente, un intento de escritura literaria y lo que ello conlleva: importancia de la adjetivación y del lenguaje, de la ambientación y de los detalles, de la evolución psicológica de los personajes y de la trascendencia humana de la anécdota, es decir, los componentes de la narración tradicional que, con frecuencia, han sido relegados a un segundo plano por los autores de mi edad. No en vano, creo que el escritor, entre otras cosas, debe ser tanto un artesano del lenguaje como un testigo crítico del tiempo que le ha tocado vivir.

Muchas gracias por el tiempo dedicado a leer y comentar este humilde librito de cuentos. Me hubiese encantado poder estar con vosotros. Un saludo afectuoso,
         Gonzalo Gómez Montoro

 

sábado, 2 de mayo de 2015

"Desde el exilio, con "Cambiemos Murcia", artículo en "La Opinión de Murcia"

Hace tres años que emigré de Murcia, y como yo son numerosas las personas que desde el comienzo de la crisis se han marchado de la ciudad en busca de un empleo. Es cierto que nadie me obligó a hacerlo, pero ¿qué otra salida le queda a alguien sin trabajo ni probabilidad de conseguirlo, y que, además, no tiene ayudas sociales ni posibilidad de emanciparse? Por mucho que la estimes, una ciudad que no ofrece oportunidades termina siendo inhabitable, y en la práctica te fuerza a irte de ella.

Y es que precisamente así era la Murcia que dejé atrás: una ciudad con uno de los peores servicios de transporte público de toda España, un alto porcentaje de parados y de ciudadanos viviendo bajo el umbral de la pobreza, un gran número de familias desahuciadas, una política cultural casi inexistente, unas fuerzas del orden que agredían impunemente a manifestantes pacíficos, unas pedanías y una huerta más que descuidadas, una descarada complicidad entre la Iglesia y las autoridades, y en la que las mayores inversiones se realizaban en festejos paternalistas concebidos como válvula de escape para la población frustrada.

"Una ciudad que no ofrece oportunidades termina siendo inhabitable, y en la práctica te fuerza a irte de ella"

Durante estos tres años he pensado en muchas ocasiones que esta situación desastrosa iría mejorando, y que más temprano que tarde podría regresar definitivamente a Murcia, pero en mis esporádicas visitas me he desengañado: cada vez que pasaba por algún barrio popular (los cambios sociales siempre se aprecian mejor en las zonas humildes), como en el que siempre he vivido, veía la ciudad más degradada, y me encontraba a más personas que tenían la intención de emigrar o, peor aún, que estaban resignadas a que ya no hubiera mejoría.

Afortunadamente, en este panorama deprimido donde todo parecía condenado a continuar igual de forma indefinida, ha surgido una esperanza. La candidatura Cambiemos Murcia, formada por ciudadanos independientes e integrantes de partidos políticos con un claro compromiso demostrado en movimientos sociales y en la oposición al gobierno local del PP, tiene la firme determinación de cambiar de raíz la política del municipio. Para empezar, sus candidatos han sido elegidos en unas primarias abiertas que han contado con una gran participación, y los puestos que ocupen rotarán cada dos años para garantizar la pluralidad de la candidatura.

Pese a que las trampas de la ley electoral impedirán que los emigrantes votemos en las elecciones municipales (y, muy probablemente, en las autonómicas y en las generales), quiero mostrar mi apoyo desde Francia a la candidatura de Cambiemos Murcia. Confío en ella para que el gobierno municipal pase a servir a los ciudadanos en lugar de servirse de ellos (como hasta ahora ha ocurrido), y para que muchas de las personas que hemos tenido que marcharnos volvamos a disfrutar de una oportunidad en nuestra ciudad de origen.

Para leer el artículo en "La Opinión de Murcia", pincha AQUÍ

sábado, 18 de abril de 2015

"Montpellier para bibliófilos", reportaje en La crónica del pajarito.es


Montpellier para bibliófilos

Librería Gibert Joseph, foto de Irene Ortega

Entre los pocos placeres que un emigrante puede permitirse en tiempos de crisis aún está, por suerte, la posibilidad de adquirir libros de segunda mano a buen precio en algunas librerías de Francia. Y es que la compra y la venta de libros de lance no es asunto baladí en el país vecino: raro es el mercado callejero, por pequeño que sea, que no tenga un puesto de bouquins, y pocas son las ciudades que no cuentan con alguna tienda centrada en este negocio editorial, que aún sigue siendo marginal en España.

De las librerías que venden libros usados una de mis favoritas es Gibert Joseph. Para quien no la conozca, aclararé que Gibert es una cadena de grandes establecimientos implantada en algunas de las más importantes ciudades galas, principalmente en aquellas que tienen universidad. Las sucursales suelen ocupar edificios céntricos, como las tres que hay en el Barrio Latino de París, y, aunque en ellas también encontremos películas, discos y artículos de papelería, se diferencian de otras empresas del ramo como, por ejemplo, FNAC, en que su actividad primordial no ha dejado de ser la venta de libros.

"Raro es el mercado callejero, por pequeño que sea, que no tenga un puesto de libros de lance"

La peculiaridad de Gibert es, como decía, que comercializa tanto libros nuevos como de ocasión, a los que distinguen con la pegatina amarilla característica que los volúmenes lucen en el lomo, y que pueden adquirirse a un precio reducido. Para ello, la librería adquiere ejemplares ya usados a cambio de dinero o de un vale de compra que sólo es utilizable dentro del establecimiento. Cualquier persona mayor de edad provista de documentación en regla puede vender sus libros en Gibert. De hecho, es habitual que los universitarios se desprendan de la bibliografía acumulada al final de sus estudios, o que las familias expurguen sus bibliotecas al hacer una mudanza, por lo que los fondos de la librería están en continua renovación.

Pero más interesante aún es, quizá, la evolución del precio de los libros usados, que, basado inicialmente en factores como el estado de conservación del ejemplar o el carácter más o menos novedoso de la obra, irá reduciéndose conforme avance el tiempo sin que aparezca un comprador. Como en una subasta a la inversa, un volumen pasará de costar, pongamos, siete euros, a valer cinco, tres, uno o veinte céntimos, el mínimo que se llega a pagar. La degradación también es física: de los estantes situados en las plantas superiores de la librería el ejemplar irá a parar a los cajones semiocultos que hay bajo las mesas de novedades y, finalmente, a los expositores de la calle.

Puestos de libros callejeros de Gibert Joseph, foto de Irene Ortega

Precisamente la posibilidad de comprar libros usados a buen precio en establecimientos como Gibert es uno de los principales atractivos de la ciudad de Montpellier, donde la cadena posee una sucursal de tres pisos que parece competir en actividad  con Sauramps, otra librería aún mayor ubicada a unos quinientos metros y considerada la segunda más grande del país tras Le Furet du Nord, en Lille. Aunque a decir verdad, las dos librerías más importantes de Montpellier no rivalizan, sino que se complementan: Sauramps no vende libros de segunda mano, pero organiza interesantes encuentros con escritores de renombre, algo que no hace Gibert
  
Las demás librerías del municipio, más pequeñas e independientes, pero muy bien surtidas (como, por ejemplo, Un jardin de livres, especializada en autores de habla hispana), terminan de satisfacer la demanda lectora de una ciudad que cuenta con 60.000 estudiantes universitarios y que, cada mes de mayo, acoge el festival de literatura La Comédie du Livre, uno de los más prestigiosos del Mediterráneo y cuya edición de 2015 protagonizarán España y Portugal.
 

Variedad de idiomas y ediciones

La heterogeneidad de la población de Montpellier (formada en buena medida por los universitarios venidos de los cinco continentes, por las olas migratorias llegadas desde el sur de Europa, el África Subsahariana y el Magreb, y por los estudiantes anglosajones, nórdicos y centroeuropeos que acuden cada año a la ciudad para aprender francés), contribuye a que la diversidad de idiomas de los libros usados que podemos comprar en establecimientos como Gibert, entre otros, sea más que estimable: aparte de la lógica mayoría francófona es frecuente encontrar títulos en inglés, español, alemán, ruso o italiano, y hasta existe una librería como Le BookShop, situada en el sótano de un edificio renacentista, en el laberíntico casco histórico, que sólo comercializa obras en lengua inglesa y que también posee un abundante fondo de lance.

Le BookShop, foto de Irene Ortega

Igual variedad suelen presentar las ediciones disponibles de un mismo texto, en su mayoría de obras clásicas (a menudo se trata de ediciones bastante recientes), hasta el punto que a veces resulta difícil escoger: ¿será mejor comprar la edición de Madame Bovary de Gallimard, que tiene un estudio introductorio y letra grande pero mal papel, o la de Flammarion, que cuenta con buen papel y mejores anotaciones pero posee una tipografía minúscula? ¿O será mejor esta otra de Grasset, que tiene una cubierta atractiva, un glosario y un papel ahuesado más resistente al paso del tiempo? 
"Es frecuente hallar títulos en inglés, español, alemán, ruso o italiano"
En este contexto, comparar la situación del negocio del libro usado en Francia y España es casi inevitable. Pese a la dificultad existente de encontrar datos fiables sobre este sector (las cifras de ventas de los libros de lance no aparecen en el Anuario de Estadísticas de 2014 del Ministerio de Cultura), se observa que, al margen de internet, la actividad en nuestro país ha quedado reducida a las ferias itinerantes, cada vez más decaídas, a unos cuantos establecimientos que apenas sobreviven y a algún mercado como el de Sant Antoni, en Barcelona, que, hay que reconocerlo, ha perdido interés.
  
¿A qué se deberá este descenso en la compra de libros de ocasión en España, mientras que en Francia, país menos afectado por la crisis, el negocio no ha dejado de aumentar, y cuatro de cada diez libros adquiridos son ya usados?  

Para leer el reportaje en La crónica del pajarito.es, pincha AQUÍ