lunes, 16 de noviembre de 2015

Entrevista al cineasta francés Cyrille Martin en "El diario.es"

“Jamal Zougam es el chivo expiatorio de los atentados de Madrid”

El cineasta francés Cyrille Martin (Drôme, 1982) es el realizador del documental “Un nouveau Dreyfus?” sobre los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid

El autor, cuyo trabajo le ha llevado varios años, se muestra crítico con las “chapuzas” del juicio sobre los atentados del 11-M en la Audiencia Nacional y con el papel de los medios de comunicación.

Cyrille Martin foto por Irene Ortega
Cyrille Martin. Foto de Irene Ortega

¿Cuándo y por qué empezaste a investigar sobre los atentados del 11-M en Madrid?

Desde hace tiempo quería hacer algo que mostrara la manipulación de los medios de comunicación dominantes. La primera vez que vi un caso de manipulación de la opinión pública fue en 2002, cuando los medios hablaban de la guerrilla marxista de las FARC, que había secuestrado a Ingrid Betancourt. Los medios ocultaban por completo el contexto de Colombia. Y por Le Monde Diplomatique, medio que se puede calificar de alternativo, supe que el 70% de los asesinatos atribuidos a las FARC en realidad los cometían las milicias a sueldo de la patronal a las que se oponían las FARC. Más tarde, en 2007, di con los artículos que El Mundo dedicó al juicio del 11-M. La manipulación en este asunto fue flagrante, pero desgraciadamente surtió efecto. Este caso me parecía especialmente grave porque el terrorismo influye mucho en nuestra opinión política. No solo en el país afectado por los atentados sino también en los países vecinos.

Has rodado y escrito el documental en calidad de “francotirador”, es decir, sin apoyo privado ni de instituciones públicas. ¿Cómo ha sido el proceso de rodaje? 

Mi documental es un film de montaje: su principal contenido son imágenes de vídeo, archivos ya existentes, fragmentos de telediarios, grabaciones de vídeo del juicio, además de algunas entrevistas aparecidas en los medios. He añadido secuencias que rodé yo mismo para darle un hilo conductor al documental. También he dibujado un esquema de la investigación para ayudar al espectador a orientarse entre las fuentes citadas. Para tener libertad he optado por no solicitar apoyo público ni privado y, como he trabajado prácticamente a solas, he tardado varios años en concluir el proyecto. Me gusta definirme como francotirador, término que en nuestro imaginario colectivo evoca el movimiento de resistencia comunista de los francotiradores y partisanos (FTP) durante la Segunda Guerra Mundial.

Tu documental muestra numerosas “chapuzas” en el juicio de los atentados. ¿Cómo es posible que la opinión pública española no se haya fijado en estos errores? 

Es muy sencillo: fuera de España no se ha informado del desarrollo del juicio. Yo tardé tiempo en comprender lo que había pasado en España, porque está relacionado con la configuración política particular de vuestro país. En el momento del juicio los periodistas más críticos con la investigación judicial eran gente como Luis del Pino, cuyas investigaciones eran irreprochables, pero que después afirmó que los verdaderos autores del atentado eran el partido socialista para ganar las elecciones tres días después del atentado, o que habían ayudado a ETA a hacerlo. Esta conclusión les desautorizó a ojos de una gran parte de los españoles, que desde entonces no se molestaron en mirar la mejor parte del trabajo de Luis del Pino: sus objeciones a la investigación judicial. Es una lástima que la derecha española más dura haya sido la más crítica con el juicio de los atentados, porque antes del juicio de 2007 no era así. De este modo olvidamos el excelente trabajo de Fernando Múgica, periodista de El Mundo, que no comparte las conclusiones de Luis del Pino.

 Esquema documental Un nouveau Dreyfus?

Jamal Zougam es el único superviviente del comando que supuestamente cometió los atentados. ¿Zougam fue el chivo expiatorio de los atentados? 

Sí, claramente, es un chivo expiatorio porque cualquier persona en sus cabales lo habría declarado inocente: hemos visto que durante todo el juicio no había absolutamente ninguna prueba que pudiera inculparlo. Sus huellas, de las que tanto hablaron los medios, fueron un invento. Los dos testigos que afirmaron haberlo visto en los trenes declararon demasiado tarde: ¡tres semanas y un año después de los hechos! Por tanto, no son fiables. La bomba que se encontró intacta (para la cual Zougam habría utilizado estúpidamente una tarjeta SIM de su tienda) apareció como por encanto en una comisaría, y el jefe de los artificieros TEDAX aseguró que la bomba no podía haber estado en los trenes porque estos habían sido registrados cuatro veces, y no quiero continuar… La decisión del juez de condenarlo se explica por la necesidad de cerrar el caso para así evitar que surgieran más preguntas molestas. He titulado el documental “Un nouveau Dreyfus? (¿Un nuevo Dreyfus?)”, para insistir en el destino del pobre Jamal Zougam, que está en prisión en condiciones muy duras desde hace once años. Hago referencia al caso Dreyfus, en el que un militar francés judío se comió el marrón en un caso de espionaje de Alemania a Francia a finales del siglo XIX. La comparación me parece apropiada porque Dreyfus y Zougam fueron escogidos como chivos expiatorios por sus pertenencias étnicas y religiosas, que correspondían a los clichés racistas de sus respectivas épocas. En el siglo XIX se pensaba que los judíos eran potenciales traidores; hoy se piensa que los musulmanes son terroristas en potencia.

¿Las instituciones judiciales, políticas y públicas te han puesto obstáculos durante la investigación y el rodaje del documental? 

No, ninguna. A Gandhi le atribuyen esta cita: “Primero te ignoran y luego se burlan de ti. Después te combaten y al final los vences”. Puede que el camino aún sea largo.

En el documental, el profesor suizo Daniele Ganser sugiere la posibilidad de la intervención de los “ejércitos secretos” de la OTAN en los atentados. 

Algunos datos mencionados en el documental sugieren esta posibilidad, que, por supuesto, no es una afirmación mía. Yo no soy ni policía ni juez de instrucción. Pero ya que hablamos tanto de la libertad de expresión, deberían permitir que se hablara de esta hipótesis. La existencia de estos ejércitos secretos es poco conocida en España y en Francia, pero no en Alemania, ni en Bélgica, ni, sobre todo, en Italia. Estos países sufrieron los años de plomo, y los jueces que investigaron los atentados terroristas acaecidos durante la Guerra Fría apuntaron varias veces a estas estructuras clandestinas de la OTAN, llamadas “Gladio”. Creados en origen para combatir una posible invasión soviética en Europa, que finalmente no se produjo, estos ejércitos clandestinos habrían puesto en marcha una estrategia de la tensión. Es decir, habrían fomentado más o menos directamente el terrorismo para asustar a la población e inocular en ella un sentimiento de rechazo hacia los movimientos izquierdistas, que fueron acusados de ser los autores de los atentados. En televisión se han difundido varios documentales sobre este asunto, como “El Ejército Secreto de la OTAN”. Alfredo Grimaldos también les dedica un capítulo en su libro “La CIA en España”. Los movimientos izquierdistas han perdido la influencia que tenían en los años setenta, y ahora, determinados poderes quieren fomentar la hostilidad hacia la población musulmana, así como hacia los gobiernos de los países de Oriente Medio, a los que se ha acusado de apoyar el terrorismo, como ocurrió con Sadam Hussein. Tampoco hay que olvidar les révélations de Wesley Clark: la administración Bush había previsto atacar seis países más después de Irak.

¿Cuándo podremos ver el documental en España? 

Espero que sea lo antes posible. Ahora estoy trabajando en la versión española. Después buscaremos los canales de difusión apropiados para el documental. Creo que debería interesar al movimiento español anti-OTAN, que es mucho más fuerte que en Francia, donde no hay bases militares americanas desde 1967 por decisión de Charles de Gaulle.

¿Tienes otros proyectos de documental en perspectiva? 

Por ahora solo tengo ideas sin concretar. Por ejemplo, y continuando con el tema de la manipulación de la opinión pública, sería interesante mostrar una estrategia vieja como el sol y que los medios utilizan con mucha frecuencia: divide y vencerás. Esto, en cierto modo, es lo que pasó con el 11-M: los periodistas que pusieron en evidencia las contradicciones de la investigación de los atentados sufrieron el rechazo de gran parte de la población, que les asimilaba a un sector político opuesto sin advertir la parte de análisis crítico del juicio de su discurso.

sábado, 10 de octubre de 2015

"El emigrante que nunca se rindió", artículo publicado hoy en Eldiario.es

Foto por Pablo Molanes
Cándido Salmerón. Foto de Pablo Molanes

En la obra de teatro El pasaporte, el escritor, albañil y entonces emigrante valenciano Juan Mateu criticaba la indiferencia que muchos de sus compatriotas emigrados a Francia en la década de los sesenta sentían por la dictadura franquista, que los reprimía y sumía en la miseria y la ignorancia además de forzarlos a expatriarse para poder aspirar a unas condiciones de vida dignas. Y es que, a diferencia de la anterior generación de exiliados —muchos de los cuales habían luchado en el bando republicano durante la Guerra Civil, y se encontraban politizados—, buena parte de los españoles que emigraron en los años sesenta solo se interesaban, según Mateu, por «los partidos del Barça», o por ganar «la tela suficiente para comprar un coche y volver triunfante al barrio».

Cándido Salmerón fue uno de esos miles de españoles que emigraron a Francia durante los primeros años sesenta. Nacido en la entonces —y ahora otra vez— pobre ciudad de Cieza (Murcia), llegó a los dieciséis años de edad a Montpellier con sus padres, que venían a trabajar en la agricultura y en el servicio doméstico. Sin que aún pudiera hablar una sola palabra de francés, al adolescente desarraigado que entonces era Cándido lo pusieron de aprendiz de ebanista, oficio que desempeñó incluso después de jubilarse, pues, para completar su pensión, los domingos solía montar su puesto de venta de muebles restaurados en el jardín del Peyrou y en localidades cercanas a Montpellier.

Yo a veces iba a visitarlo. Mientras atendía el puesto, Cándido —siempre afable y generoso bajo los árboles centenarios de Languedoc— me contaba su difícil juventud en un país donde aún no dejaba de sentirse extranjero, las penurias en las que vivían muchos emigrantes jubilados pese a haber trabajado duro a lo largo de varias décadas, y la tristeza que le invadía al volver a su Cieza, donde le habían menospreciado por no regresar con ínfulas de triunfador cuando la bonanza económica convirtió a sus paisanos en gente zafia y embrutecida por el dinero rápido.

Sin embargo, lo que más apasionaba a Cándido era la actividad política en su sentido más noble. Militante de base comunista, sindical y republicano, durante finales de los años sesenta y la década de los setenta recorrió el Languedoc informando a los emigrantes españoles —a menudo víctimas de un trato desigual— sobre sus derechos. Temiendo que Cándido pudiera sembrar en los peones la semilla de la revolución, los patrones de las viñas y los edificios en construcción —solía contarme él con una sonrisa— lo recibían con cajas destempladas al verlo llegar en su furgoneta llena de pasquines. Y es que, por su afán de hacer pedagogía entre los trabajadores, Cándido quizá era uno de los obreros ideales con los que soñó Karl Marx.

El trabajo duro y la intensa militancia —solía recordar Cándido con nostalgia— hicieron que los años de la gran emigración quedaran rápidamente atrás, y a partir de la década de los ochenta los españoles dejaron de venir a Francia. Para entonces muchos emigrantes ya habían retornado a España, y buena parte de los establecidos se habían acomodado, abandonando toda actividad reivindicativa. Cándido se casó por esa época, y tuvo tres hijos, por lo que siguió viviendo en Montpellier. Pero aún veía injusticias sociales; decidió no rendirse y continuar luchando. Así que se afilió al Partido Comunista Francés y a la CGT y, más tarde, al Parti de Gauche.

Treinta años después llegó a Francia la nueva emigración española, con la que Cándido no fue menos receptivo. Se sentía especialmente comprometido con los jóvenes y las familias que veía aterrizar en Montpellier buscando el futuro que aún se les niega en España. A sus casi setenta años de edad y pese a su delicada salud, Cándido participaba en las manifestaciones y asambleas de Marea Granate e IU-Francia, homenajeaba a la Segunda República, ofrecía su furgoneta, su casa y su tiempo para repartir folletos, transportar activistas, hacer paellas con las que recaudar dinero… A mí solía llamarme o escribirme para proponerme ideas con un entusiasmo inusitado en alguien que recientemente había sufrido una operación a vida o muerte, y yo a menudo me sentía incapaz de seguir su ritmo de participación.

El lunes pasado Cándido murió de un infarto en una calle de Montpellier. Me consuelo con pensar que la muerte le sobrevino mientras caminaba hacia alguna de las manifestaciones en las que solía participar, y que lo hizo llevando la bandera de la Segunda República española, con cuyos ideales de libertad, justicia e igualdad siempre fue consecuente tanto en sus palabras como en sus actos.

domingo, 26 de julio de 2015

El diario "Nueva Tribuna" reseña nuestra traducción de "La dulce"


El diario madrileño "Nueva Tribuna" publicó recientemente una elogiosa reseña de la traducción y el postfacio de "La dulce", de Fiódor Dostoievski, que hice junto a Bienvenida Sánchez para la editorial Funambulista. La reseña, de Mercedes Suero Fernández, puede leerse en este enlace: http://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura---ocio/dulce-dostoievski-particular-salvavidas/20150619094641117329.html

jueves, 11 de junio de 2015

"Viaje a Béziers, capital de la ultraderecha en Francia", reportaje publicado en "El Confidencial.com"

Foto: Imagen del casco histórico de Béziers, ciudad gobernada por la extrema derecha (Foto: Irene Ortega).


Con 75.000 habitantes, Béziers es la mayor población francesa gobernada por la extrema derecha. Un tercio de ellos son pobres. Mientras, el alcalde de la capital de una comarca que fue la mayor productora mundial de vino, posee un censo étnico: “Los inmigrantes africanos están sustituyendo a los franceses blancos”. Desempleo, pobreza, inmigración e inseguridad son los factores que, según los sociólogos, auparon a la extrema derecha a varias alcaldías en las elecciones municipales de 2014. Este es el relato de un viaje a su plaza fuerte.

Para leer el reportaje:  
Viaje a Béziers, la capital de la ultraderecha en Francia. Noticias de Mundo  http://goo.gl/Jqwy0S

jueves, 7 de mayo de 2015

"El armario de Abdou" en el club de lectura de la Biblioteca "Salvador García Aguilar"





         ¿Qué supuso para mí publicar "El armario de Abdou"?
En “El armario de Abdou”, que hoy comenta este club de lectura, hice una selección con los siete mejores cuentos (o con los menos malos) de los muchos que escribí entre los 22 y los 26 años, y en los que, como se podrá apreciar, hay una clara influencia de escritores como Manuel Rivas o Manuel Vicent, o de los cuentistas españoles de posguerra como Ignacio Aldecoa, Miguel Delibes o Jesús Fernández Santos, que siempre han sido algunos de mis autores favoritos de relato corto.

Esta primera experiencia editorial supuso para mí un gran aprendizaje como escritor. En primer lugar, descubrí que la literatura y el mundillo literario no son la misma cosa, y que a veces son incluso la contraria. También aprendí que la literatura no debería entenderse como una carrera orientada hacia el éxito social, ni tampoco hacia el triunfo económico, y que, por tanto, un libro sólo debería publicarse por razones estrictamente literarias, y siempre y cuando el autor, al escribirlo, se haya exigido el máximo a sí mismo (dos condiciones que a menudo se incumplen en nuestro más que saturado mundo editorial). Yo intento ser coherente con mis palabras y, desde la aparición de este librito, no he vuelto a publicar otro como autor, pese a que desde entonces estoy trabajando en una nueva colección de cuentos.

La publicación de “El armario de Abdou” también supuso para mí otra lección importante: la de no prestar demasiada atención a las modas literarias, que tanta influencia tienen en España. Y lo digo por una anécdota significativa: en el año 2009, cuando se publicó “El armario de Abdou”, los escritores de mi edad seguían la omnipresente moda de la llamada “Generación Nocilla”, que les incitaba a ambientar sus historias, deshumanizadas y escapistas, en lugares remotos de Estados Unidos o de Siberia, o a escribir poemas sobre fórmulas matemáticas o teorías físicas. En resumidas cuentas, estos autores huían de cualquier tema relacionado con nuestros problemas de la realidad más cercana.

Yo, más provinciano y menos moderno y cool que ellos, escribía, por ejemplo, sobre los inmigrantes africanos que rebuscaban en los cubos de basura de mi barrio, sobre un exfutbolista arruinado y olvidado, o sobre las obsesiones de un anciano viudo, solitario y triste, como podía ser mi vecino Juan. Tan sólo seis años después de publicarse el libro, resulta que el inmigrante soy yo, que los españoles somos los que buscamos entre las basuras de Londres, Berlín o Montpellier para amueblar nuestros apartamentos, y poca gente se acuerda ya de la “Generación Nocilla”.

Para no extenderme demasiado, añadiría una sola apreciación: “El armario de Abdou” constituye, modestamente, un intento de escritura literaria y lo que ello conlleva: importancia de la adjetivación y del lenguaje, de la ambientación y de los detalles, de la evolución psicológica de los personajes y de la trascendencia humana de la anécdota, es decir, los componentes de la narración tradicional que, con frecuencia, han sido relegados a un segundo plano por los autores de mi edad. No en vano, creo que el escritor, entre otras cosas, debe ser tanto un artesano del lenguaje como un testigo crítico del tiempo que le ha tocado vivir.

Muchas gracias por el tiempo dedicado a leer y comentar este humilde librito de cuentos. Me hubiese encantado poder estar con vosotros. Un saludo afectuoso,
         Gonzalo Gómez Montoro

 

sábado, 18 de abril de 2015

"Montpellier para bibliófilos", reportaje publicado en Eldiario.es

Puestos de libros callejeros de Gibert Joseph, foto de Irene Ortega

Entre los pocos placeres que un emigrante puede permitirse en estos tiempos de crisis aún está, por suerte, la posibilidad de adquirir libros de segunda mano a buen precio en algunas librerías de Francia. Y es que la compra y venta de libros de lance no es asunto baladí en el país vecino: raro es el mercado callejero, por pequeño que sea, que no tenga un puesto de bouquins, y pocas son las ciudades que no posean alguna tienda dedicada a este negocio editorial, que aún sigue siendo marginal en España.

De las librerías que venden libros usados una de mis favoritas es Gibert Joseph. Gibert es una cadena de grandes establecimientos implantada en algunas de las más importantes ciudades galas, generalmente en las que tienen universidad. Las sucursales suelen ocupar edificios céntricos, como las tres que hay en el Barrio Latino de París, y aunque en ellas también encontremos películas, discos y artículos de papelería, se diferencian de empresas del ramo, como FNAC, en que su actividad primordial no ha dejado de ser la venta de libros.

La peculiaridad de Gibert es, por tanto, que comercializa tanto libros nuevos como de ocasión, a los que distinguen con una pegatina amarilla en el lomo, y que pueden adquirirse a un precio reducido. Para ello, la librería adquiere ejemplares usados a cambio de dinero, o de un vale de compra que sólo es utilizable en el establecimiento. Cualquier persona mayor de edad provista de documentación en regla puede vender sus libros en Gibert. De hecho, es habitual que los universitarios se desprendan de la bibliografía acumulada al final de sus estudios, o que las familias expurguen sus bibliotecas al hacer una mudanza, por lo que los fondos de la librería están en continua renovación.

Pero más interesante aún es, quizá, la evolución del precio de los libros usados, que, basado inicialmente en factores como el estado de conservación del ejemplar, o el carácter más o menos novedoso de la obra, irá reduciéndose conforme transcurra el tiempo sin que aparezca un comprador. Como en una subasta a la inversa, un volumen pasará de costar, pongamos, siete euros, a valer cinco, tres, uno o veinte céntimos, el mínimo que se llega a pagar. La degradación también es física: de los estantes situados en las plantas superiores de la librería, el ejemplar irá a parar a los cajones semiocultos que hay bajo las mesas de novedades y, finalmente, a los expositores de la calle.

Precisamente la posibilidad de comprar libros usados a buen precio en establecimientos como Gibert es uno de los principales atractivos de la ciudad de Montpellier, donde la cadena posee una sucursal de tres plantas de altura que parece competir en actividad con Sauramps, otra librería aún mayor, ubicada a unos quinientos metros y considerada la segunda más grande del país tras Le Furet du Nord, en Lille. Aunque a decir verdad, las dos librerías más importantes de Montpellier no rivalizan, sino que se complementan: Sauramps no vende libros de segunda mano, pero organiza interesantes encuentros con escritores de renombre, lo que no hace Gibert.

Las demás librerías del municipio, más pequeñas e independientes, pero muy bien surtidas (como, por ejemplo, Un jardin de livres, especializada en autores de habla hispana), terminan de satisfacer la demanda lectora de una ciudad que cuenta con 60.000 estudiantes universitarios, y que, cada mes de mayo, acoge el festival de literatura Comédie du Livre, uno de los más prestigiosos del Mediterráneo, y cuya edición de 2015 protagonizarán España y Portugal.

Variedad de idiomas y ediciones

La heterogeneidad de la población de Montpellier (formada en buena medida por los universitarios venidos de los cinco continentes, las olas migratorias del sur de Europa, el África Subsahariana y el Magreb, y los estudiantes anglosajones, nórdicos y centroeuropeos que acuden cada año para aprender francés), contribuye a que la diversidad de idiomas de los libros usados que podemos comprar en establecimientos como Gibert, sea más que estimable: aparte de la lógica mayoría francófona, es frecuente encontrar títulos en inglés, español, alemán, ruso o italiano, y hasta existe una librería como Le BookShop, situada en el sótano de un edificio renacentista, en el laberíntico casco histórico, que sólo comercializa obras en lengua inglesa, y que también posee un abundante fondo de lance.

Igual variedad suelen presentar las ediciones disponibles de un mismo texto, en su mayoría de obras clásicas, hasta el punto que a veces resulta difícil escoger: ¿será mejor comprar la Madame Bovary de Gallimard, que tiene un estudio introductorio y letra grande pero mal papel, o la de Flammarion, que cuenta con buen papel y mejores anotaciones, pero posee una tipografía minúscula? ¿O será mejor esta otra de Grasset, que tiene una cubierta atractiva, un glosario y un papel ahuesado más resistente al paso del tiempo?

En este contexto, comparar la situación del negocio del libro usado en Francia y España es casi inevitable. Pese a la dificultad de encontrar datos fiables sobre este sector (las cifras de ventas de los libros de lance no aparecen en el Anuario de Estadísticas de 2014 del Ministerio de Cultura), se observa que, al margen de internet, la actividad en nuestro país ha quedado reducida a las ferias itinerantes, cada vez más decaídas; a unos cuantos establecimientos que apenas sobreviven, y a algún mercado como el de Sant Antoni, en Barcelona, que, hay que reconocerlo, ha perdido interés.

¿A qué se deberá este descenso en la compra de libros de ocasión en España, mientras que en Francia, país menos afectado por la crisis, el negocio no ha dejado de aumentar, y cuatro de cada diez libros adquiridos son ya usados?